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Prehistoria de la Amazonia
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Prehistoria de la Amazonia

El área amazónica ha estado poblada desde el décimo milenio antes de Cristo. Hay varias teorías que explican el origen de la población en América y en particular, en la Amazonía.
Está universalmente aceptado que hace aproximadamente 14 milenios grupos de Homines Sapientes atravesaron la que en un tiempo fue una llanura llamada Beringia (el actual estrecho de Bering entre Siberia y Alaska).
Estos antiguos viajeros, originarios de Siberia oriental, avanzaron hacia el nordeste durante generaciones enteras, persiguiendo manadas de mastodontes, bisontes y caribúes.
Al entrar en el continente americano, encontraron un corredor libre de hielo, el cual atravesaron hasta llegar a las llanuras de Norteamérica, a los actuales Estados Unidos del centro-occidente.
Inicialmente, estos grupos humanos se sustentaban exclusivamente de la caza. Después, con la revolución neolítica, se dedicaron a la agricultura y cosecha.
Con el pasar de los siglos, varias tribus migraron hacia el sur, en un proceso de colonización de la totalidad del continente americano, el cual duró varios milenios. Llegaron también a la Amazonía, alrededor del décimo milenio antes de Cristo.
Hay otras teorías, como por ejemplo la “teoría poligenética”, según la cual pueblos de origen de África, Australia, Melanesia y Polinesia llegaron a América atravesando los océanos en épocas antiguas, mezclándose luego con los de origen asiático que llegaron del norte.
La teoría africana se apoya en los restos hallados en el lugar de Pedra Furada, en Brasil, que comprueban que allí ha habido presencia humana desde hace 60 milenios.
Fueron necesarios siglos enteros para perfeccionar los conocimientos prácticos y tecnológicos necesarios para la utilización de plantas como el maíz (zea mays), la mandioca (manihot esculenta), la batata (ipomea batatas) o de plantas medicinales y estimulantes como la coca (erythroxylum coca) o alucinógenas como el ayahuasca (banisteriopsis caapi) o la borrachera (brugmansia).
Los pueblos de la Amazonía alcanzaron un elevado grado de conocimiento de los suelos, del clima y de los ciclos orgánicos, y lograron vivir en armonía con la naturaleza durante milenios. Poco antes de la llegada de los europeos, la población total de América meridional agrupaba a unos treinta millones de personas. La mayoría (veinte millones) vivía en el Tahuantinsuyo (el imperio de losIncas), mientras otros cinco millones aproximadamente vivían entre el cono sur y el territorio que hoy ocupan Colombia y Venezuela. Los últimos cinco millones de personas, según estimaciones más acreditadas, vivían en la Amazonía.
Las tres lenguas predominantes en la Amazonía prehistórica fueron: Arawak, Caribe y Tupí-Guaraní.
La influencia de las etnias que hablaban Arawak antes de la llegada de los europeos al Nuevo Mundo, se extendía desde la actual Florida hasta Bolivia. Este nombre deriva de una palabra usada por los españoles, Araguacos, para referirse a una tribu de Venezuela, mientras que ellos mismos se nombraban lukkunu (los hombres). Sus características físicas eran las siguientes: estatura baja (no más de 160 centímetros), cara alargada, cabello negro, ojos rasgados y piel aceitunada. Se expandieron a lo largo de territorios enormes, probablemente para buscar nuevas tierras aptas para la agricultura. Una de sus primeras migraciones fue la que llevó a los Uros hasta el altiplano andino (todavía hoy tribus de Uros viven en islas flotantes del lago Titicaca). El origen de las etnias de lengua Arawak parece ser el norte de la Amazonía, lugar de donde se dispersaron en varias direcciones.
Los pueblos de lengua Caribe fueron los primeros que los europeos encontraron a su llegada al Nuevo Mundo. Este nombre tiene un origen antiguo: deriva de las palabras calina y caripuna, las cuales conoció Colón en La Española y apareció en un mapa del siglo XVI del historiador milanés Pedro Mártir de Anglería.
Los indígenas de lengua Caribe eran más altos que los nativos de idioma Arawak y en general, más belicosos y violentos. Su lugar de origen pareciera ser el alto Xingú, en la Amazonía meridional, de donde emigraron, algunos colonizando las Antillas, otros cruzando los Andes y estableciéndose en las llanuras colombianas (losZenúes, que fueron diezmados por las incursiones de Pedro de Heredia en 1533, hablaban una lengua Caribe).
Los pueblos de idioma Tupí-Guaraní se extendieron desde los Andes hasta el Atlántico y desde el macizo de la Guyana hasta el Río de la Plata. A la llegada de los conquistadores, las etnias Tupí vivían en las zonas costeras, desde el estuario del Río Amazonas hasta el actual sur del Brasil. Parece que el lugar de origen de los pueblos de lengua Tupí-Guaraní sea el alto Paraná, de donde, a través del Río Xingú, se extendieron hacia la Amazonía.
Algunos lingüistas sostienen que las lenguas Arawak, Caribe y Tupí-Guaraní tienen afinidades sorprendentes y quizá un origen común. Si así fuese, se podría llegar a la conclusión de que, en un pasado remoto, un solo pueblo vivió en la Amazonía.
Quizás entre el décimo y el octavo milenio antes de Cristo, después de cambios climáticos enormes, esta etnia primordial se escindió y algunas tribus emigraron hacia la zona andina, donde se juntaron con pueblos de lengua Chibcha, Quechua y Aymara.
El análisis de los suelos permite darnos cuenta de que en la Amazonía, a partir del quinto milenio después de Cristo, fue adoptada la técnica de “tala y quema” y de los cultivos alternados, que permitió obtener excedentes de producción de mandioca y maíz.
En aproximadamente un veintésimo de la actual superficie forestal amazónica (que corresponde a 250.000 kilómetros cuadrados), se encuentra un particular tipo de suelo, llamado en portugués terra preta (tierra negra). Estos terrenos, particularmente fértiles, que los antropólogos consideran como un producto del hombre, después precisamente de la técnica llamada “tala y quema”, son la prueba de que los pueblos amazónicos practicaron una forma de agricultura intensiva a gran escala.
Según Donald Lathrap, importante estudioso de los años 70 del siglo pasado, grupos de proto-arawak, que vivían en la Amazonía central en el tercer milenio antes de Cristo, estuvieron en capacidad, mediante la deshidratación, de eliminar el nocivo ácido prúsico de la mandioca.
Este pueblo practicaba la caza mediante arcos, flechas y cerbatanas y la pesca con trampas de madera en los ríos y lagos.
En las cercanías de la confluencia entre el Río Negro y el Río Amazonas fueron encontradas también manualidades en cerámica pertenecientes al tercer milenio antes de Cristo.
Otra de las pruebas de la población arcaica de la Amazonía es la caverna de Pedra Pintada, situada en la orilla izquierda del Río Amazonas, cerca a la ciudad de Monte Alegre. En esta gruta, que fue estudiada en 1950 por Alfred Russel Wallace, hay varias pinturas rupestres y petroglifos que muestran figuras humanas y animales estilizados, normalmente coloreados de rojo, amarillo y marrón. Hay también dibujos geométricos que incitan a pensar en posibles conocimientos astronómicos. El hombre habitó estas cavernas en un período comprendido entre el décimo y el tercer milenio antes de Cristo, demostrando así que poblaciones indígenas vivían y prosperaban en la Amazonía contemporáneamente al florecimiento de la cultura Clovis en Norteamérica.
Desde el punto de vista espiritual, los pueblos de la Amazonía practicaron complejos rituales de origen asiático llamados “prácticas chamánicas”. Según estos cultos, el hombre era concebido como parte del universo y de sus leyes físicas y cósmicas.
Gran importancia tuvieron los tótem, representaciones simbólicas de animales reales o de seres míticos que eran considerados como los antepasados de un conjunto de familias (clan) o tribus (grupos de clanes).
La arqueóloga Betty Meggers se ocupó, alrededor de 1970, de estudiar la isla de Marajó, situada en el estuario del Río Amazonas. En esta isla fluviomarina, se desarrolló la floreciente cultura del pueblo Marajoara, a partir del siglo XV antes de Cristo. Fueron principalmente los descubrimientos de cerámica, con dibujos de animales y plantas amazónicas, los que impulsaron a la Meggers a continuar excavando. Rápidamente se dio cuenta de que los descubrimientos más antiguos eran más elaborados, como si en el pasado hubiese florecido una cultura más compleja.
Los indígenas Marajoara no construyeron muros imponentes o monumentos megalíticos como aquellos de Tiwanaku o Chavin de Huantar, sin embargo, la suya era una sociedad ordenada y probablemente gobernada por caciques (jefes de comunidades indígenas), que tenían también un poder espiritual. Luego de las excavaciones de Betty Meggers, se encontraron tumbas ricamente adornadas utilizadas para sepultar a los jefes espirituales.
Otro descubrimiento asombroso fueron los 127 bloques de granito puestos en círculo en las cercanías de Calcoene, en el interior del estado de Amapá, en Brasil. Según la arqueóloga Martina Cabral, este monumento es para considerarse como un observatorio astronómico cuya edad se estima que es de unos tres milenios. Estos bloques de piedra, altos hasta tres metros, eran usados para calcular los solsticios, equinoccios y ciclos de la luna con el fin de orientarse, decidir los tiempos propicios para la siembra y la adivinación.
Como se ve, los descubrimientos arqueológicos actuales hacen pensar en un conjunto de pueblos de cultura avanzada que vivieron en la Amazonía prehistórica.
¿Era aquel el famoso “tercer imperio de América”, que buscaron largamente los conquistadores españoles? Por ahora no tenemos suficiente información para responder científicamente a esta pregunta.
Cuando el clima cambió, alrededor del sexto milenio antes de Cristo, algunos de estos pueblos migraron hacia el occidente, mezclándose con etnias de lengua Aymara y Quechua y dando inicio a refinadas culturas como Caral, Tiwanaku y Chavin de Huantar.
Por el contrario, las poblaciones que se quedaron en la Amazonía se acostumbraron a vivir en un ambiente cada vez más húmedo. No practicaron la metalurgia por falta de metales y sus sociedades no se estratificaron, salvo quizás los Marajoara, porque no había una verdadera competencia por el alimento. En efecto, la abundancia de recursos, fueran vegetales o animales, contribuyó a hacer de estas gentes unas sociedades pacificas, donde se practicaba poco el comercio entre las diferentes tribus y donde los avances tecnológicos eran lentos.
Cuando los primeros europeos llegaron al estuario del Río Amazonas, con las expediciones de Américo Vespucci en 1499 y Vicente Yáñez Pinzón en 1500, se encontraron frente a poblaciones densas, cuya economía estaba basada en la agricultura y pesca. Cuarenta y dos años más tarde, Francisco de Orellana recorrió casi por completo todo el Río Amazonas, desde la confluencia con el Río Napo hasta el estuario, y tuvo contacto con numerosos nativos que vivían sobre las orillas del río.
Desgraciadamente los virus traídos inconscientemente por los europeos (y por sus animales), entre los cuales se encontraba la viruela, diezmaron rápidamente los autóctonos. De hecho, sólo un siglo más tarde, durante la expedición del portugués Pedro Texeira, la cuenca amazónica ya no era más aquel mundo fantástico y ancestral poblado por numerosas tribus que había visto Orellana, sino que era tan sólo una enorme selva casi deshabitada y “sin fin”, atravesada por el río más grande de la Tierra, el colosal Río Amazonas.

YURI LEVERATTO
2007 Copyright

De: 1542 Los primeros navegantes del Río Amazonas

Fotos: derechos reservados de Yuri Leveratto

En el articulo: petroglifo de Jinkiori, departamento de Cusco 

Fotos:
Petroglifos de Pusharo, Madre de Dios, Perú
Pictogramas del Chiribiquetè, Caquetà, Colombia
Petroglifos de Jinkiori, Cusco, Perú
Pictogramas de la caverna de Pedra Pintada, Monte Alegre, Brasil
El autor cerca a los petroglifos de Pusharo, Madre de Dios, Perú


Este articulo se puede reproducir indicando el nombre del autor y la fuente  www.yurileveratto.com

 

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