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Serranía de la Macarena (+ Videos)
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Serranía de la Macarena (+ Videos)

Mi viaje a la Serranía de la Macarena inició en la capital del Meta, Villavicencio.
Para llegar al municipio de La Macarena, situado en las orillas del Río Guayabero, al extremo sur del parque, tuve que montarme en un avión monomotor de ala alta. En efecto, no existe otra posibilidad para llegar al pueblo, el cual está conectado con Villavicencio solamente por medio de una estrecha carretera destapada, en la que sólo pueden transitar motos todoterreno.
Son casi trescientos kilómetros de bosques, separados entre sí por zonas de pastoreo. Es el llamado “llano”, un inmenso territorio, atravesado por varios ríos como el Ariari y el Guayabero, los cuales, al unirse, forman el Guaviare, el más poderoso afluente del Orinoco.
Al llegar al aeropuerto de La Macarena, se percibe una fuerte presencia de militares del ejército colombiano. El municipio fue pacificado y el gobierno central tiene ya el total control de la zona, después de años de inestabilidad e inseguridad.
En el aeropuerto se pueden ver incluso viejos DC3, residuos bélicos que todavía prestan servicio gloriosamente de Villavicencio a La Macarena. En la otra parte del Río Guayabero empieza el Parque Nacional de la Serranía de la Macarena, una enorme área protegida de aproximadamente 10.000 kilómetros cuadrados, cuya altura sobre el nivel del mar varía de los 500 a los 2000 metros.
Es una zona geológicamente antiquísima, puesto que hace parte del Escudo Guayanés, cuya formación se remonta a varios millones de años atrás.
Tanto en la fauna como en la flora, la Serranía de la Macarena presenta características únicas. Hay algunos marsupiales arcaicos como la marmosa murina, varios murciélagos entre los cuales uno de alas blancas (peropterix leucopterus) y otros animales endémicos de la zona, como el oso hormiguero llamado tamandúa. Hay aproximadamente 450 tipos diferentes de aves y caimanes, tortugas y ranas marsupiales (gastrotheca medemi). 
 

En la flora se distinguen las plantas acuáticas policromas (macarenia clavigera) del famoso Caño Cristales, considerado uno de los ríos más hermosos del planeta.
Caño Cristales fue justamente mi destino inicial. En una caminata de unas 4 horas y con la ayuda de mi guía Freddy, recorrí buena parte de esta maravilla de la naturaleza, un torrente de aguas cristalinas cuyas plantas acuáticas multicolores volvieron único en el mundo. Hay muchas piscinas naturales y varias cascadas donde se puede nadar y relajarse en un ambiente totalmente paradisíaco.
Después de dos días de excursión por el Caño Cristales, remonté, junto a un grupo de colombianos, el Río Guayabero, con el propósito de observar algunos petroglifos, indicios de antiguas culturas. De hecho, en la zona vivieron varias etnias de indígenas Guayaberos, Tiniguas, Majiguas y Churoyes, que lamentablemente fueron diezmados no sólo por enfermedades sino también por persistentes ataques de colonos durante el período de inestabilidad y violencia que duró hasta el 2003.
Hoy en día sobreviven pocos Guayaberos y el último indígena Tinigua, Sisto Muñoz, originario del río Yari, tiene 72 años. Para llegar a los petroglifos del raudal del Guayabero (llamados Angostura I y II), se navega contracorriente hasta llegar a un angosto pasaje, donde el río se estrecha y fluye entre altas paredes de roca. Es un recorrido de 3 kilómetros donde la corriente es muy fuerte y la profundidad del agua alcanza los 25 metros. 

Cuando, después de una media hora de navegación contracorriente, el río se ensancha otra vez, atracamos en una orilla donde se encuentra una gran roca en la cual, al igual que en otras piedras cercanas, están grabados interesantes petroglifos cuya forma es principalmente antropomorfa. Hay 25 figuras humanoides que probablemente representan una tribu de Guayaberos.
En mi opinión, la figura central, que es mucho más grande, ilustra al jefe tribu o cacique. Hay también otras magistrales incisiones zoomorfas y abstractas. Las figuras zoomorfas son, en la mayoría de los casos, simios y aves, símbolos de la selva (fertilidad) y del cielo y el Sol (cercanía a Dios) respectivamente. Hay que notar que no hay figuras que representen serpientes, dado que estos reptiles prácticamente no existen en la Serranía. Hay incluso algunos símbolos abstractos sin descifrar, algunos de los cuales pudieron haber sido grabados bajo la influencia de alucinógenos como la ayahuasca, otros, en cambio, podrían ser simplemente el símbolo de la tribu, o bien, una especie de demarcación territorial. El turismo de aventura está apenas comenzando en la fantástica Serranía de la Macarena, el cual se espera que se organice de manera que se respete la naturaleza y que se abra una fuente de ingresos segura para las poblaciones locales.

YURI LEVERATTO
Copyright 2009

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