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El tótem del Tambo, símbolo de la cultura Ashaninka (+ Video)
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El tótem del Tambo, símbolo de la cultura Ashaninka (+ Video)

En mi primer viaje a Perú, recorrí el Río Amazonas hasta Iquitos. De la ciudad amazónica, capital del departamento de Loreto, continué la navegación por el Ucayali, el brazo principal del Río Amazonas, en plena Amazonía peruana. Después de haber conocido varias comunidades de nativos, por ejemplo los Shipibo de Contamana, me detuve algunos días en Puccalpa, ciudad que se conecta a Lima por medio de una carretera asfaltada.
Luego de haber descansado algunos días, decidí continuar el viaje embarcándome en una gabarra a motor en la que llegué, después de otros días de navegación, a Atalaya del Tambo.
Este pueblo, situado aproximadamente a 5800 kilómetros del estuario, está justo en la confluencia del Río Urubamba (el río que fluye cerca a Machu Picchu) con el Río Tambo, así como se le llama al Río Amazonas en esta zona de selva peruana.
En Atalaya me contacté con grupos de indígenas Ashaninka e intenté acercarme a sus tradiciones seculares y a su cultura, basada en el respeto de la naturaleza y de los animales.
Con algunos de ellos viajé hasta la comunidad nativa de Buenos Aires y pude asistir a una particular ceremonia, en la que se le da a un muchacho un denso líquido de color café, obtenido de la mezcla de corteza de ayahuasca (yajé o banisteriopsis caapi) con hojas de chacruna (psychotria viridis).
En los siguientes minutos, el joven indígena pareció tener alteraciones de consciencia que fueron interpretadas por los chamanes como señales del destino.
Según las creencias populares, el iniciado, que experimenta también fuertes espasmos y vómito, es purificado y preparado para recibir los secretos de su cultura ancestral. El nombre ayahuasca (en quechua aya, espíritu y huasca, cuerda), significa un cordón que le permite al alma salir del cuerpo sin que éste muera.
Al día siguiente, exploré la zona de selva circundante y después de aproximadamente tres horas de caminata por el interior del denso bosque tropical, llegué a un lugar mágico donde hay un tótem tallado en la roca, al que denominé Tótem del Tambo.
La piedra, de unos cinco metros de longitud, muestra un petroglifo en su parte frontal, que ilustra el rostro de un ser simiesco o antropomorfo. Probablemente, este magistral grabado era adorado por los pueblos indígenas, antepasados de los Ashaninka. En la parte posterior de la roca se pueden ver otros petroglifos, esta vez zoomorfos (peces).
En una zona cercana al Tótem del Tambo, hay otras rocas donde antiguos habitantes tallaron extraños signos y símbolos en épocas remotas. Particularmente, se ven algunas incisiones que ilustran el sol y esto testimonia que el culto por nuestro astro, considerado como un ser divino, debe remontarse a los pueblos amazónicos.
En efecto, los Ashaninka, que hablan un idioma del grupo Arawak, así como los Wayuú de Colombia o los Matsiguenkas del Madre de Dios, son los descendientes de pueblos que se autodenominaban Lukkunu y que provienen del norte de la Amazonía, probablemente del actual departamento brasilero de Roraima.
Los Arawak colonizaron territorios enormes, posiblemente para intercambiar productos de la selva con otros de la sierra que ellos desconocían. Una de sus migraciones fue en la que algunos grupos de Arawak llegaron hasta el altiplano andino (aún hoy tribus de indígenas que hablan Arawak viven en islas flotantes en el lago Titicaca, son los Uros). 

Actualmente, los Ashaninka son el pueblo autóctono más numeroso de Perú (aproximadamente 50.000 personas).
Está comprobado que este pueblo efectuaba formas de intercambio con los pueblos andinos desde la antigüedad. De hecho, se encontraron hachas de bronce (parecidas a las usadas en épocas pre-incaicas en la sierra) y varios instrumentos musicales, flautas llamadas antara y quena.
Los primeros occidentales que se adentraron en las selvas adyacentes a los ríos Ucayali, Tambo, Urubamba y Ene fueron los religiosos franciscanos, quienes a partir de 1635 establecieron algunos puestos de avanzada con el fin de controlar el territorio y evangelizar a los nativos. La expansión de los franciscanos fue parcialmente interrumpida por la revuelta de 1742, encabezada por el indígena Juan Santos Atahualpa, quien logró reunir grupos de Ashaninka, Yanesha y Shipibo, logrando desterrar a los invasores extranjeros.
A partir de la segunda mitad del siglo XIX, la lenta avanzada “civilizadora” volvió a retomarse, esta vez guiada por colonos peruanos cuya meta era apoderarse de las tierras amazónicas, sobre todo para explotar el caucho, el hule codiciado a nivel mundial.
Hoy en día, los Ashaninka están reunidos en doce federaciones autónomas cuya sede central se encuentra en Satipo, en el departamento de Junín. Lamentablemente, su propia supervivencia está fuertemente amenazada. Los Ashaninka se suman a los pueblos del mundo que oscilan entre un pasado de opresión y sangre y un futuro incierto, el cual podría resultar lleno de nubes amenazantes.
Viajando por la Amazonía peruana, se cae en cuenta de que, por desgracia, el futuro de los Ashaninka, como el de todos los pueblos amazónicos, se decide en las oficinas de poderosas empresas que controlan la energía y los recursos mineros, por lo general situadas en el norte del mundo. Se espera que en el futuro, las tierras de los Ashaninka sean respetadas y que se implementen políticas que garanticen la educación y el respeto de las tradiciones autóctonas.

YURI LEVERATTO
Copyright 2009

Este articulo se puede reproducir indicando el nombre del autor y la fuente  www.yurileveratto.com

Fotos: derechos reservados de Yuri Leveratto

Para más informaciones lee mi articulo sobre la Amazonía peruana 

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