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El enigma de la antigua ciudad de Caral: entrevista al arqueologo Pedro Novoa Bellota
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El enigma de la antigua ciudad de Caral: entrevista al arqueologo Pedro Novoa Bellota

Para ir al sitio arqueológico de Caral hay que viajar de Lima a Huacho, ciudad costera situada a unas tres horas de bus de la capital. Luego, en una buseta repleta de pasajeros se llega al pueblo de Supe, donde se toma un taxi colectivo que arriba finalmente a Caral, a aproximadamente veinte kilómetros de la costa, en un estrecho valle.
Cuando se va en el carro se ven a lo lejos algunos imponentes edificios piramidales y se cae en cuenta de que la totalidad de la zona arqueológica es muy grande y de que, además, ésta comprende a otros lugares que están siendo estudiados.
Después, cuando se camina por las antiguas ruinas de Caral, se entra en una atmósfera mágica, impregnada de espiritualidad y misterio.
Durante el recorrido se aprecian varios edificios piramidales, utilizados tanto para fines espirituales como administrativos, algunos restos de construcciones que fueron viviendas de la casta alta de los sacerdotes, diversos altares ceremoniales y una plaza circular cuyo nivel está por debajo del suelo, probablemente usada por los sacerdotes y por la élite política de la ciudad para ceremonias y celebraciones.
De evidencias arqueológicas orgánicas, como tejidos de algodón y shicras (redes hechas de un tipo de junco, para contener piedras), que se dataron con el método del carbono 14, se llegó a la conclusión de que el sitio de Caral estuvo habitado a partir del 3000 a.C.
La llamada civilización Caral-Supe (a la cual pertenecen otras sitios arqueológicos de los valles vecinos), es entonces casi tan antigua como la civilización de los Sumerios (3700 a.C.).
Los arqueólogos del equipo de Ruth Shady Solís, la responsable del proyecto Caral-Supe, comprobaron que la ciudad de Caral estaba conectada con otros importantes centros urbanos y ceremoniales de la costa como Bandurria y Aspero, algunos de la sierra como Huaricoto y La Galgada, de la selva como Piruro y, en épocas más recientes, con Kotosh con su enigmático templo.
Por lo tanto, se ha planteado que se desarrolló un ágil comercio entre la costa, con sus productos marinos y sus frutas, la sierra, con sus cereales andinos como la quinua y la quihuicha, y la selva, con sus plantas como el tutumo y plumas de pájaros como el páucar.
La población total de Caral pudo haber alcanzado los 3000 habitantes, aunque estimaciones más prudentes afirman que no superó los 1000.
Uno de los enigmas de Caral consiste en el hallazgo de estatuas de arcilla sin cocer. De este modo, la cultura Caral perteneció al llamado período pre-cerámico. No obstante, ¿cómo fue posible que una civilización jerárquica y estratificada, capaz de construir estructuras piramidales hasta de treinta metros de alto y que reinaba sobre un territorio de unos 87.000 kilómetros cuadrados, no haya conocido la cerámica?
El hecho de que la cultura Valdivia del actual Ecuador haya realizado maravillosas creaciones cerámicas desde el 4000 a.C. nos plantea la pregunta de por qué este tipo de tecnología no se desarrolló en Caral. Además, el hallazgo en Caral de ejemplares de spondylus, un molusco bivalvo típico de Ecuador, complica nuestra investigación.
Otro de los misterios de Caral es que hasta el día de hoy no se ha descubierto ningún cementerio, pues solamente se recuperaron los restos óseos de dos personas.
La falta de un cementerio en la zona sugeriría que Caral fue sólo un centro ceremonial, pero las construcciones residenciales hacen descartar esta hipótesis. Se espera que con las próximas búsquedas en el campo, llevadas a cabo con sofisticados métodos tecnológicos, se pueda encontrar el cementerio, el cual proporcionaría importantes informaciones ulteriores sobre la vida de este antiguo pueblo.
En Caral no se usaba el bronce y tampoco el cobre o el oro. Era una sociedad agreste que practicaba el trueque, pero que desconocía el uso de los metales y de la cerámica. No debemos pensar que una sociedad fue menos avanzada que otra porque no utilizaba estas tecnologías posteriores, sencillamente aquel tipo de desarrollo no era indispensable para este pueblo, el cual se concentró más bien en perfeccionar otros conocimientos, como por ejemplo el uso de plantas medicinales y los tejidos de algodon, aunque se dice que desconocía el telar y que para sus creaciones textiles usaba rudimentales técnicas de trenzado y anillado.
El poder de la cultura Caral en el valle de Supe duró hasta el 1800 a.C., cuando, por causas ignoradas aún, declinó lentamente, teniendo sus habitantes que emigrar hacia otras tierras, probablemente más fértiles y húmedas.

Apenas regresé a la capital del Perú, fijé una cita con el arqueólogo Pedro Novoa Bellota, uno de los responsables del proyecto Caral-Supe, con el fin de obtener más información sobre la más antigua civilización de América.

A continuación, el texto de la entrevista:

Yuri Leveratto: Doctor, ¿en base a cuáles dataciones científicas se considera a Caral como la más antigua ciudad de América?

Pedro Novoa Bellota: En las excavaciones se han recogido muestras de material orgánico, como tejidos y restos de fibras y shicras (bolsas de junco), cuyos fechados, hechos con el método del carbono 14, llegan hasta los 3000 años antes de Cristo. El método, naturalmente, no otorga una datación precisa, pero tampoco difiere mucho de la verdadera.

Yuri Leveratto: ¿Cómo fue posible que una civilización que construía grandes edificios piramidales no conociera la cerámica, incluso considerando que seguramente tuvo contacto con las culturas del actual Ecuador, como la Valdivia, la cual la utilizaba desde el IV milenio antes de Cristo?

Pedro Novoa Bellota: La cerámica fue introducida en las sociedades de los Andes Centrales a partir de los 1800 años antes de Cristo. En Caral, que pertenece al período pre-cerámico, se hicieron estatuillas antropomorfas, pero de arcilla sin cocer. El hecho que en Caral se encontraran objetos de spondylus, un molusco típico de Ecuador, sugiere que quienes realizaban los intercambios comerciales con las poblaciones al norte del Perú pudieron conocer objetos de cerámica. Pero la sociedad de Caral no incorporó la cerámica ni como objeto suntuario para las elites, ni como elemento para la vida cotidiana. No hubo una necesidad social para hacerlo. Para las actividades que requerían recipientes, como almacenar agua, contaron con los frutos secos de mate y cocieron sus alimentos con piedras calentadas al fuego.

Yuri Leveratto: ¿Cuál es su opinión acerca de por qué no se emplearon metales como el cobre o el oro que, en cambio, se encuentran por ejemplo en la cultura Paracas?

Pedro Novoa Bellota: Como en el caso de la cerámica, el uso del metal en los Andes Centrales es muy posterior a Caral: las primeras láminas que se han encontrado corresponden a los 1500 años antes de Cristo. Esa tecnología no se utilizó porque no se conocía: en los tiempos de Caral, para labrar las piedras se utilizaron rocas muy duras, y para cultivar, azadas de piedra, astas de venado y palos de madera.

Yuri Leveratto: ¿Qué piensa del hecho de que todavía no se haya descubierto el cementerio de Caral?

Pedro Novoa Bellota: Efectivamente, después de 13 años de trabajos en la Ciudad Sagrada de Caral no hemos encontrado al menos un cementerio asociado con ella. De hecho, la búsqueda presenta algunas dificultades, porque el espacio a cubrir es muy grande. En otros sitios de la época hay pobladores sepultados dentro de los edificios y bajo las casas, pero en Caral no se observa algo así. Si el cementerio estuvo cerca de la ciudad, en la ladera de algún cerro, o en una llanura, y no ha sido arrasado, podría estar cubierto por varios metros de tierra y piedras. Finalmente, cabe la posibilidad que en aquella época hubiera existido un lugar especial para cementerio, quizás cerca del mar, como se ve posteriormente en Paracas y Ancón. En todo caso, estamos trabajando con el fin de localizarlo, incluso con tecnologías sofisticadas, como radares de penetración subterránea, para visualizar el subsuelo sin excavarlo.

Yuri Leveratto: ¿Los dos restos humanos encontrados en Caral fueron sometidos a estudios de antropología morfológica? En Brasil, el equipo de la arqueóloga Niède Guidon sometió a análisis de este tipo los cráneos encontrados en Piauí y se descubrieron en ellos claros orígenes africanos (Homo Sapiens arcaico).

Pedro Novoa Bellota: Sí, también aquí se hicieron estudios similares y se llegó a la conclusión que los cráneos eran del tipo amerindio. Por consiguiente, son descendientes de aquellos grupos de origen asiático que poblaron América hace más de 12000 años.

Yuri Leveratto: ¿Qué se sabe de la lengua hablada por estos antiguos americanos?

Pedro Novoa Bellota: A propósito de esto, el lingüista peruano Alfredo Torero sostuvo en los años setenta del siglo pasado que el quechua tuvo su lugar de origen justamente en los valles de Supe, Pativilca y Fortaleza. Sobre todo a partir del estudio de la toponimia, los nombres de los lugares, llegó a la conclusión que el quechua se originó en esa zona. Después de conocer las investigaciones de Ruth Shady sobre Caral, él publicó que el idioma hablado por los pobladores de entonces debió ser uno pre-proto-quechua.

Yuri Leveratto: ¿Qué se piensa de los intercambios comerciales entre la sierra y la selva?

Pedro Novoa Bellota: Por las evidencias arqueológicas recuperadas en Caral, y en otros seis sitios contemporáneos más del valle de Supe y Huaura (Chupacigarro, Miraya, Lurihuasi, Allpacoto, Áspero y Vichama), se deduce que hubo numerosos intercambios con la sierra y selva andina. De la primera se han recuperado algunos huesos de camélido y roca sodalita; de la segunda, restos de simios, de achiote (Bixa orellana) y concha de Megalobulimus sp. (llamado congompe), un enorme gasterópodo de la Amazonía.

Yuri Leveratto: ¿Hasta qué período prosperó esta antigua civilización y, según usted, cuáles fueron las causas de su desaparición?

Pedro Novoa Bellota: Mi opinión es que, a menos que se extinga la población, las civilizaciones no desaparecen, solo se transforman. Sin embargo, hay tiempos en los cuales confluyen condiciones para que las sociedades entren en un periodo, por así decirlo, “de florecimiento”, como ocurrió con Caral. Sobre la decadencia de Caral, Ruth Shady y otros investigadores han mostrado la ocurrencia de terremotos y fenómenos El Niño, en torno al 1800 a.C., que pudieron haber trastornado la base productiva de la sociedad. Esto habría obligado a las poblaciones a buscar nuevos lugares para establecerse o aglutinarse en otros ya existentes. El hecho es que, después de Caral, el valle de Supe no volvió a ser central. Sin embargo, la experiencia de Caral fue fundamental para las sociedades venideras, hasta los tiempos Inca.

Yuri Leveratto: ¿Qué me puede decir de su proyecto arqueologico Caral-Supe? Vi que capacitaron varios guías turísticos, creo que es una buena manera de incentivar sentimiento de pertenencia a una población que dispone de pocos recursos económicos.

Pedro Novoa Bellota: Sí, inicialmente Ruth Shady empezó sus investigaciones con un fin solamente científico, pero pronto se dio cuenta de la necesidad ineludible de contribuir con el desarrollo de la población local, heredera de un patrimonio riquísimo, pero con serias dificultades socioeconómicas. Por ello implementó una serie de actividades, entre ellas la capacitación de guías turísticos, muchachos que ahora tienen un trabajo y que se apasionaron por la Historia de su tierra; creamos cursos de artesanía y de acogida turística, y promovimos la elaboración de un Plan Maestro para fomentar un desarrollo socioeconómico integral y sostenible. Obrando de este modo contribuimos a enorgullecer a nuestra gente, la cual empieza a valorar las tradiciones y la Historia.

Yuri Leveratto: Bueno, le agradezco que me haya concedido esta entrevista, con su trabajo están contribuyendo a develar uno de los más grandes misterios de la Historia del hombre, la prehistoria del Nuevo Mundo.

Pedro Novoa Bellota: Gracias a usted y hasta luego.

YURI LEVERATTO
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