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El oro de los Quimbayas
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El oro de los Quimbayas

El conquistador de la zona habitada por los indígenas Quimbayas fue Jorge Robledo, uno de los tenientes de Sebastián de Belalcázar, gobernador de Popayán y fundador de Santiago de Cali.
En 1539 Robledo partió desde el poblado de Cali, al comando de una tropa de aproximadamente cien españoles y varios esclavos indígenas, y avanzó hacia el norte, costeando el río Cauca. Después de haber fundado la ciudad de Anserma, entró en contacto con Cananao, el cacique de los Irras. De este último recibió un vaso de oro como regalo y símbolo de sumisión y acogida. Los españoles causaban terror sobre los indígenas, sobre todo por aquellas extrañas cañas de hierro brillantes que pueden ocasionar la muerte desde lejos, los arcabuces, pero también por las espadas de hierro y por aquellos bizarros animales, los caballos, desconocidos en el Nuevo Mundo. Se le dijo que aquel vaso había sido elaborado por los Quimbayas, tribu de autóctonos hasta entonces completamente desconocida.
Inicialmente Robledo no se dirigió de inmediato al territorio de los Quimbayas, situado más al norte. Lo hizo después de atravesar el Cauca y someter con la fuerza algunas tribus belicosas de Picaras, Pozos y Pancoras. Fue entonces cuando se dirigió decididamente hacia la zona habitada por los Quimbayas, correspondiente a los actuales departamentos colombianos de Caldas, Risaralda, Quindío y parte del Valle de Cauca.
La entrada de Robledo en el reino de los Quimbayas fue pacífica. Los nativos, que se mostraron mansos, no se daban cuenta de que Robledo había llegado para conquistar y apropiarse indebidamente de las tierras y de su oro.
Por el estudio del libro Noticias historiales de las conquistas de Tierra Firme en las Indias Occidentales, de Fray Pedro Simón, que data de 1626, se evidenció que los Quimbayas admiraban al capitán Robledo, y lo consideraban un semi Dios. Le regalaban joyas de oro finamente elaboradas, comida y telas brillantes como símbolo de respeto y sumisión. Es probable que ya supieran qué tan potentes eran las armas de fuego, por los cuentos de otros nativos. En los meses siguientes gran parte del territorio de los Quimbayas fue saqueado y muchas tumbas fueron profanadas con el fin de robar las joyas de oro. El 9 de agosto de 1540 fue fundada la población de Cartago. Después de esto, en 1542 hubo revueltas indígenas prontamente apagadas con sangre.
Los abominables allanamientos de tumbas Quimbaya no le dieron fortuna al capitán Jorge Robledo. Hacia 1542 viajó hacia la costa de Urabá con el fin de embarcarse para España y reclamar al gobierno tierras que él había conquistado y depredado. Sin embargo el gobernador de Cartagena Pedro de Heredia, acusándolo de querer robar sus tierras, lo encarceló y lo envió a España para ser sometido a un proceso. En España Robledo pudo demostrar la falta de fundamento de aquellas acusaciones y obtuvo el título de Mariscal (juez del ejército).
Al volver al Nuevo Mundo, recorrió las tierras de los Quimbayas y los pueblos de Anserma y Cartago, recientemente fundadas por él. Como reclamaba el gobierno de dichas tierras, llegó a una disputa con Sebastián Belalcázar, que, en 1546, ordenó ajusticiarlo. Jorge Robledo murió en octubre de 1546 asesinado por la terrible garrota.
Sólo un veintena de años después de la llegada de los europeos la población de los Quimbayas bajó del 60%. Los virus transportados inconscientemente por los españoles, como la viruela, el sarampión y la varicela, pero también la simple influencia, diezmaron sistemáticamente a los Quimbayas, que no tenían suficientes anticuerpos para contrabatir las enfermedades típicas del viejo continente. Durante el siglo siguiente todos los Quimbayas se extinguieron o se cruzaron con otras etnias. Su cultura junto con su lengua, se perdió en el olvido.
Hasta hoy se sabe poco sobre los verdaderos orígenes de los Quimbayas. Por algunas pruebas documentales se evidenció que los Quimbayas hablaban una lengua del grupo Caribe, y por lo tanto se puede concluir que su antiguo origen sea la Amazonía. Cómo y cuándo se haya desarrollado esta emigración queda aún hoy como un misterio difícil de resolver. Sin embargo la falta de estudios arqueológicos serios ha hecho ardua la reconstrucción del enigma de su vida y de sus usos y costumbres. Afortunadamente fueron encontrados y recuperados cientos de joyas de oro Quimbaya, visibles hoy en el museo del oro de Santafé de Bogotá, a partir de las cuales podemos reconstruir parte de su existencia.
Se sabe que la cultura Quimbaya empezó en torno al 300 d. C y tuvieron su periodo clásico aproximadamente al final del primer milenio después de Cristo, alcanzando los niveles máximos de calidad en la joyería, tal vez no superados ni siquiera en el día de hoy.
Se sabe que la sociedad Quimbaya estaba gobernada por la figura del cacique (el último fue Tucurumbí), que se situaba al vértice político y religioso de un conjunto de hasta 60.000 personas.
La población era sedentaria y se dedicaba a la agricultura (maíz, papas, mandioca, aguate, guanábana) al artesanado (cerámica), a la creación de tejidos y vestidos de algodón y a la joyería (oro y oro–cobre, amalgama llamada tumbaga). Afortunadamente fueron recuperados collares, pectorales, pendientes, brazaletes, muchos de esos elaborados en espiral, para simbolizar el mundo de la expansión y de la contracción, sinónimo a su vez de respiración y por lo tanto de aliento vital, alma. Una de las piezas artísticas más fascinantes es el poporo de oro (en la foto principal), recipiente donde se metía piedra en polvo, llamada cal, para mezclarla con la hoja de la coca, para dar el efecto de quitar el hambre, la sed y dar más fuerza. Comúnmente estos recipientes venían acompañados por un bastoncito alargado, este también de oro, que servía para sacar la piedra pulverizada y llevarla a la boca.
Comúnmente los poporos de oro están decorados con figuras femeninas, a veces en evidente estado de gestación. Estas representaciones hacen creer que ésta fuera una sociedad matriarcal, donde las mujeres tenían gran importancia (hoy la sociedad Wayuú de Colombia septentrional es matriarcal). Algunos poporos tienen la abertura superior dividida por cuatro esferas perfectas. Algunos han sugerido que estos ornamentos representan el concepto cuaternario de la división del mundo (agua, aire, tierra y fuego) común en muchas otras etnias.
También en el arte de la cerámica los Quimbayas se distinguieron y crearon un estilo particular. En la zona septentrional de su territorio se encontraron vasos monocromáticos a menudo negros o color café. En la región occidental fueron recuperados vasos pintados de rojo y decorados con formas geométricas abstractas.
En las tierras que hoy corresponden al Quindío fueron desenterrados vasos adornados con símbolos totémicos como pájaros (metáfora del sol), ranas (imágenes de fertilidad), frutas (mundo terreno o medio), serpientes (alegoría del inframundo o mundo de las tinieblas); muy bonitos también los vasos dobles, unidos por una especie de manija. Al verter el líquido contenido en ellas, se produce una especie de sonido particular. Esta unión objeto– sonido musical está relacionada con una antigua tradición andina que busca conectar la música con el elemento líquido para acompañar diversos rituales de iniciación.
Se ha discutido por largo tiempo si los Quimbayas eran caníbales. En realidad se puede deducir por algunos textos antiguos que antes de ir a la guerra los caciques Quimbayas sacrificaban un esclavo y bebían su sangre, después de haber devorado su carne. Estos actos eran muy raros y tenían valor ritual. Según sus creencias, de esta manera se apropiaban del poder inherente a la persona sacrificada y, por lo tanto, obtenían más fuerza.
Uno de los eventos más importantes en la sociedad Quimbaya era la sepultura de un cacique. Usualmente el cuerpo era enterrado junto con las joyas de oro y con los objetos personales del jefe indígena. Desafortunadamente la mayoría de las tumbas fue saqueada sin pudor por los conquistadores que cancelaron la posibilidad de conocer a fondo esta sorprendente etnia.

YURI LEVERATTO
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