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El origen del hombre americano: la teoría poligenética
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El origen del hombre americano: la teoría poligenética

En los últimos años se ha ido desarrollando en el ámbito científico, la teoría de que el hombre americano haya tenido múltiples orígenes.
La hipótesis inicial, o sea la idea de que grupos de Homines Sapientes atravesaron la pradera de Beringia (el actual estrecho de Bering), hace aproximadamente 14 milenios, no ha sido puesta a un lado, sino que debe ser complementada por otras tesis. Hasta hace pocos años, aunque por puro nacionalismo, muchos estudiosos estadounidenses indicaban el sitio de Clovis en nuevo México como el lugar donde tuvo origen la cultura madre de toda América (hace 13.2 milenios).
Sin embargo en los últimos años, posterior a sorprendentes descubrimientos efectuados en Sur América (Pedra Furada, Brasil, Monte Verde, Chile y la Caverna de Pedra Pintada, en Brasil), sólo por citar algunos, se llegó a la conclusión de que el Homo Sapiens, llegó primero a Sur América y sólo después de varios milenios, a Norte América.
La segunda teoría, llamada la teoría africana, está soportada en los hallazgos de Pedra Furada, en el Piauí (Brasil), estudiado por la arqueóloga Niede Guidon. Fueron hallados huesos humanos que datan de hace 12000 años, que prueban la presencia del hombre en el Brasil actual, contemporáneamente a la cultura Clovis de Norte América. Además algunos restos de hogueras (datadas con el método de carbón 14 y de la luminiscencia), han probado que el sitio fue habitado hace 60 milenios. ¿Quiénes eran los antiguos habitantes del Piauí, y de dónde venían? Según Niede Guidon eran Sapiens arcaicos, no más de algunos miles, cuyo origen era África septentrional, desde donde casualmente habrían llegado sobre embarcaciones rústicas, a las costas del Nuevo Mundo.
Estas consideraciones fueron soportadas por los investigadores Walter Neves y Danilo Bernardo (del departamento de genética y Biología Evolutiva, de la Universidad de Sao Paulo, Brasil), que han identificado, en los cráneos encontrados en el Piauí el tipo humano Sapiens arcaico (presente en África desde hace 130 milenios)
La tercera teoría, que indica el origen del hombre americano en la Melanesia y Polinesia, está soportada por pruebas antropológicas, etnográficas y lingüísticas.
Las primeras se basan en la notable similitud entre varios grupos de indígenas americanos actuales y el tipo humano melanesiano y polinesiano. Para dar un ejemplo se pueden citar los Tunebo de Colombia, que según eminentes estudiosos tienen extraordinarias semejanzas con nativos de la Nueva Guinea, o los Sirionó de Bolivia, que tienen características morfológicas melanesianas. Existen algunas pruebas morfológicas indirectas, como las famosas cabezas Olmecas, de México, o las estatuas de San Agustín en Colombia Meridional, que presentan marcadas características negroides, y por lo tanto melanesianas (o africanas).
Existen además algunas pruebas etnográficas. Respecto a esto el eminente estudioso Erland Nordenskiold ha individuado numerosos instrumentos, usos y costumbres propios de varias culturas autóctonas americanas, extrañamente similares a otros, típicos de etnias de Nueva Guinea, Melanesia y Polinesia, Por ejemplo: cerbatanas, mazos, arcos, flechas, lanzas, tirachinas, puentes de liana, remos, balsas, chozas, cerámicas, morteros, hamacas, mosquiteros, peines, procedimientos textiles, ponchos, estuches fálicos, ornamentos nasales, placas pectorales, sistemas arcaicos de numeración como el quipu, tambores de madera y de cuero, máscaras de madera, tatuajes, uso de piedras de jade incrustadas en los dientes, deformaciones del cráneo y de las rodillas por medio de extrañas vendas y finalmente el uso de conchas como medio de intercambio.
El etnólogo y lingüista francés Paul Rivet (1876- 1958), ha probado además, con profundos estudios filológicos, que los idiomas americanos tienen analogías extraordinarias con los de los indonesianos, melanesianos y polinesianos. Rivet ha estudiado el grupo lingüístico Hoka que comprende la ya extinta lengua Shasta de Oregón, la Chantal del istmo de Tehuantepec, la Subtiaba de Nicaragua y la Yurumangui de Colombia. Comparando la Hoka con las lenguas malesio-polinesianas, Rivet ha encontrado más de 280 semejanzas en los vocablos y en las formas gramaticales.
Resulta muy difícil, una vez admitida la veracidad de tales pruebas, identificar cómo los pueblos melanesianos y polinesianos llegaron a América, cuáles rutas siguieron, y sobre todo dónde y cuándo desembarcaron.
Varios estudiosos han propuesto que, a diferencia de la teoría africana, las migraciones de los pueblos oceánicos se hayan desarrollado en repetidas oportunidades y no ocasionalmente. Los polinesianos de hecho, fueron siempre excelentes navegadores y no parecería extraño admitir que hayan navegado de una isla a otra, probablemente saliendo de Nueva Guinea. Por el estudio de las lenguas indígenas americanas, analizando aquellas que muestran más analogías con las melanesianas, se llega a la conclusión que existieron numerosos desembarcos en muchos lugares: Oregón, México, Colombia meridional, Ecuador. Probablemente estos desembarcos cubrieron un rango temporal que va desde el 12000 hasta el 1000 a.C.
La cuarta teoría que intenta explicar el poblamiento de las Américas, está basada en el hecho de que algunos grupos de Sapiens Australoides, llegaron a América desde Australia hace 6 milenios.
Las pruebas filológicas de esta antigua emigración remontan al 1907, cuando el estudioso italiano Trombetti señaló que los idiomas de la Tierra del Fuego, pertenecientes al grupo lingüístico Chon, propios de las etnias Patagónicas y Onas tenían sorprendentes afinidades con las lenguas australianas. Trombetto halló 93 afinidades de vocablos y reglas gramaticales.
Existen algunas pruebas etnográficas que relacionan a los Australoides arcaicos con los indígenas americanos, por ejemplo con la cultura Fueguina, de la Tierra del Fuego, similar a la de los aborígenes australianos. Ambos pueblos ignoraban la cerámica y la hamaca, y usaban boomerang y cobijas de cuero para cubrirse del frio.
Es difícil determinar la ruta oceánica que fue emprendida por estos antiguos habitantes Australoides para llegar al cono sur del continente americano. De hecho, a diferencia de los Melanesianos y Polinesianos, los antiguos australianos no fueron nunca expertos navegantes y esto complica las cosas.
Si analizamos las corrientes oceánicas del Pacífico, nos damos cuenta que, mientras en el hemisferio norte tienen una circulación en el sentido de las manecillas del reloj, en el hemisferio sur sucede todo lo contrario. Esto explica el que los Melanesianos y los Polinesianos, junto con los antiguos japoneses, como veremos más adelante, hayan llegado a las costas de Norte América hasta el Ecuador, mientras los Australoides, admitiendo la hipotética pericia en la navegación, desembarcaron en la zona de Sur América que va desde el cono sur hasta el Perú meridional.
El antropólogo portugués Méndes Correa imaginó una extraña teoría. Según él los australianos arcaicos habrían llegado al cono sur de América meridional siguiendo la vía Australia- Tasmania – islas Macquarie- continente Antártico-Tierra del Fuego.
Según esta suposición los antiguos australianos se encontraron de frente brazos de mar no muy extensos, máximo de 200 kilómetros, considerando que durante la última era glacial (que inició hace 130 milenios y duró hasta hace 11,5 milenios) el nivel de los mares era mucho más bajo que el actual (de más o menos 120 metros). ¿Es verosímil que hayan seguido este itinerario? Según Correa el clima de las Antártida (cuyos glaciales iniciaron a derretirse hace 17 milenios) no siempre fue igual al de hoy. Según eminentes climatólogos, durante la glaciación de Wisconsin-Wurm, la mayoría de los glaciales del planeta habría quedado concentrada en la cúpula polar ártica del hemisferio boreal, pero no en el Antártico. Siempre con base en estas suposiciones algunos australianos arcaicos habrían podido vivir adaptándose al clima rígido de manera similar a los esquimales del Ártico. Cuando luego el clima de la Antártida se hizo más frio, buscaron nuevas tierras para colonizar y a través de la península antártica llegaron navegando a la Tierra del Fuego.
La quinta teoría sobre la población de las Américas se basa en el hecho que japoneses arcaicos de la cultura Jomon, hayan llegado a América, alrededor del 3000 a.C. rodeando las costas del Pacífico septentrional, llegando hasta las costas del actual Ecuador. Esta tesis fue sostenida por los arqueólogos Evans, Megger y Estrada, hacia 1950.
La cultura Jomon, que se desarrolló a partir del décimo milenio a. C. se distinguió por ser la primera en el mundo en usar la cerámica, pero adoptó la agricultura intensiva sólo en épocas tardías.
Las sorprendentes similitudes con la cerámica de la cultura Valdivia del Ecuador, han empujado a algunos estudiosos a considerar como posible esta inmigración. Las similitudes no son sólo en las decoraciones, si no también en la forma de los vasos. Las fechas también coliman: la cultura Jomon tuvo su periodo central desde el 4835 hasta el 1860 a. C. mientras que el periodo clásico de la cultura Valdivia fue desde el 3600 hasta el 1500 a.C.
Sin embargo existen algunos puntos oscuros, ¿por qué los japoneses de la cultura Jomon, después de haber navegado aproximadamente 13.000 km, rodeando las costas de: Alaska, Oregón, California, México, América central y Colombia, se detuvieron precisamente en Ecuador? ¿Es posible, para un pueblo que no domina aún la agricultura, y que por lo tanto no puede aprovisionar sus naves con cereales, realizar viajes así de largos?
No es fácil imaginar las condiciones ambientales de estos viajes transpacíficos, ni los motivos que empujaron a los navegantes prehistóricos a comenzarlos, con destino desconocido.
Se necesitaría considerar de todas formas, que, más que migraciones, estas exploraciones fueron emprendidas por grupos limitados de personas. La población de América prehistórica era tan limitada que la llegada de una decena de hombres con pocas mujeres, en una sola embarcación, podría haber sido suficiente para dejar cambios significativos en la historia genética de regiones enteras.
Porqué si fue tan simple para los pueblos prehistóricos africanos, melanesianos, polinesianos, australianos y japoneses atravesar grandes océanos sin haber adquirido las conquistas típicas de las civilización occidental, como la agricultura y el uso del hierro, no fue igualmente fácil para los europeos navegar el Atlántico, cosa que hicieron sólo a partir del año 1000 d. C con el viaje de Leif Erikson ( el hijo de Erik el rojo) y en el 1492 d.C con la expedición de Cristóbal Colon?
Hay que considerar que la civilización occidental, con las culturas de los sumerios, los egipcios y luego los griegos y los romanos, estaba centrada sobre todo en el Mediterráneo, un mar enorme prácticamente cerrado y conectado con el Océano Atlántico sólo a través del estrecho de Gibraltar. Fue precisamente la configuración geográfica del mediterráneo la que contribuyó a no divulgar demasiado las técnicas de navegación oceánica, con excepción de los Fenicios que según Erodoto circunnavegaron África en el siglo VII a.c.
Sin embargo, no existen pruebas ciertas de contactos entre los Fenicios y los pueblos del Nuevo Mundo, aunque algunos investigadores afirman que la antigua ciudad de Tartesios, en la actual Andalucía (España), fue el puerto base en la antigüedad para las navegaciones transatlánticas.
Como se ve, la clave para comprender los múltiples orígenes de los nativos americanos está en el estudio de la antropología, etnografía, lingüística y ahora también de la genética, por medio de la cual en el futuro se podrá descifrar todo el genoma de muchos indígenas del Nuevo Mundo, comprendiendo aún más sus orígenes y revelando finalmente uno de los más grandes misterios de la arqueología.
Desafortunadamente la desaparición de decenas de grupos de nativos americanos, sobre todo a partir del siglo XX, ha cancelado para siempre la posibilidad de conocer más a fondo su historia ancestral y sus orígenes. Preservando los últimos indígenas, que por fortuna en Sur América todavía son numerosos, podríamos dar luz a uno de los enigmas más cautivadores de la aventura del hombre sobre el planeta Tierra.

YURI LEVERATTO
Copyright 2009

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Fotos: derechos reservados de Yuri Leveratto

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