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El origen de los Olmecas
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El origen de los Olmecas

Antiguas poblaciones nómadas del neolítico encontraron lugares fértiles con clima templado en algunas zonas del centro de México y a lo largo de la costa del Mar Caribe.
Alrededor del 3000 a.C., estos grupos de cazadores y recolectores se transformaron lentamente en agricultores y sus sociedades se volvieron sedentarias, donde la importancia de la división del trabajo y de las élites crecía cada vez más.
Por lo tanto, en el área central de México y en la costa sur del Mar Caribe, empezaron a formarse embriones de pueblos, cada uno de los cuales estaba gobernado por señores que pertenecían a las clases altas, las cuales tenían acceso a las innovaciones y sobretodo, eran las intermediarias entre las Divinidades y el pueblo.
De estos centros culturales, las informaciones y tradiciones (como por ejemplo el culto al jaguar) se expandieron tanto en el sur, en América meridional, como en el norte, en las inmensas praderas.
Las primeras creaciones de cerámica mexicanas que se vinculan con estos centros culturales (Tlatilco, 700 a.C.), están relacionadas con la cultura Olmeca.
Son pequeñas estatuas que representan figuras femeninas con cuerpos musculosos y voluptuosos que hacen recordar a la Diosa Madre. Otras estatuas simbolizan el hombre-jaguar y hacen pensar en el tótem, el cual es recurrente incluso en la cultura de San Agustín (Colombia meridional), del felino-serpiente.
En el litoral mexicano, en los alrededores de Veracruz y de Tabasco y al este de la costa de Tehuantepec, se desarrolló la alta cultura Olmeca, aunque se encontraron lugares relacionados con este pueblo también en las tierras mexicanas de Oaxaca, Guerrero y Puebla. Su período pre-clásico va del 1300 al 600 a.C.
Una característica básica del estilo Olmeca es la representación antropomorfa del jaguar, el hombre-felino, conocido también como hombre-sabiduría. Los vínculos con la cultura agustiniana del sur de Colombia son tan numerosos, que se llega a pensar que las dos civilizaciones tuvieron un origen común. No obstante, la agustiniana se desarrolló más tarde y esto hace creer que los antiguos habitantes de San Agustín derivaron de los Olmecas.
El hombre felino de los Olmecas se transformó posteriormente en las culturas de los Mayas y de los Aztecas, así como en las de los Andes, en otros simbolismos, como en el de la serpiente-felino-ave.
Las esculturas Olmecas fueron, sobretodo, representaciones de figuras humanas o de hombre-felino en diferentes posiciones.
En la zona arqueológica de La Venta (en una isla del Río Tonalá, en Tabasco), hay imponentes estructuras megalíticas construidas con materiales que pesan hasta 40 toneladas. Este dato estimula la imaginación al pensar en cómo hicieron los Olmecas para transportar estas rocas desde minas que distaban decenas de kilómetros sin utilizar carros arrastrados por animales (los bovinos no existían en América antes de la llegada de los europeos).
En la plaza central de La Venta hay varias estructuras enigmáticas: un cono de arcilla de 33 metros de altura, una pirámide con terrazas, altares, plataformas y algunas cabezas colosales de hasta 2 metros de altura y más de 30 toneladas de peso, las cuales representan individuos de evidentes rasgos negroides, con la nariz chata, labios protuberantes y ojos ovalados, muy diferentes de otras estatuas encontradas en muchas zonas americanas que recuerdan los rasgos amerindios, vinculados al origen mongoloide, con ojos almendrados y mejillas pronunciadas. En efecto, también en las estatuas de San Agustín están representados seres humanos con nariz chata y labios gruesos, lo que incita a pensar en un origen africano o australoide.
Estas estatuas de características negroides pueden encontrarse también en otros lugares arqueológicos, como por ejemplo Cerro Nestepe, Tuxtla, San Lorenzo y Tres Zapotes, sitios que distan hasta 1600 kilómetros el uno del otro. En estas localidades, fueron encontradas otras estatuas de rasos mongoloides e incluso caucásicos y todo esto hace pensar en que la sociedad Olmeca era multirracial, si bien las clases dominantes debieron ser de origen africana.
En las numerosas columnas sepulcrales Olmecas, situadas en las diferentes zonas arqueológicas mencionadas, pueden encontrarse otras esculturas en relieve, usadas como ornamentos arquitectónicos que ilustraban escenas narrativas y simbólicas.
Uno de los más fascinantes relieves Olmecas fue encontrado en una pared de roca en la zona de Chalcatingo. Algunos fantasiosos apasionados de culturas antiguas lo interpretaron erróneamente como una cápsula espacial que emite llamas de la parte posterior.
Por el contrario, en mi opinión, esta bellísima incisión no es otra cosa que la representación de una caverna que tiene en el centro una figura humana sentada, rodeada de signos que pueden ser interpretados como sonidos de truenos. Además, en la parte alta de la escultura hay nubes que descargan lluvia.
Analizando el parecido con otros petroglifos encontrados en el Cañón del Río Magdalena, cerca a San Agustín, se puede llegar a la conclusión de que el bajorrelieve describe la acción mental (representada por las denominadas “llamas” que salen de la caverna), de un hombre-jaguar (o chamán), para causar la lluvia.
Otra magnífica escultura Olmeca representa a un atleta sentado y con barba (algo muy inusual entre los pueblos de origen africano o asiático). La figura plástica que sugiere movimiento, la proporción perfecta y la expresión del rostro, la ubican entre las más grandes obras de todos los tiempos.
En la cultura Olmeca, el comercio estaba muy difundido. Se piensa que entre los tres poblados más activos, llamados hoy La Venta, San Lorenzo y Laguna de los Cerros, se intercambiaban productos. El pueblo de La Venta era rico en cacao, caucho y sal. En Laguna de Los Cerros había minas de piedras utilizadas para las esculturas, mientras que San Lorenzo, estando situado en una llanura cerca a los ríos, podía producir maíz, papas, tomates y pescado. Durante el período final de los Olmecas, se desarrolló también el centro de Tres Zapotes.
En 1925, los investigadores Franz Bloom, y George Lafarge descubrieron en la zona de la Venta un bloque de piedra de 2 metros de ancho, casi totalmente sepultado. Después, encontraron una pirámide de 25 metros de altura y luego una colosal cabeza, la segunda en orden cronológico después de la primera, la cual fue encontrada en 1862, en Tuxtla. En el bloque de piedra había un bajorrelieve que representaba un hombre junto a otros signos de difícil interpretación.
En la zona de La Venta fue descubierta posteriormente otra roca llamada piedra de Veracruz, o bloque de Cascajal, que fue estudiada a partir de 1999. En ella, cuyas medidas son de 21x36 centímetros (con un espesor de 13 cm), hay en total 62 inscripciones y símbolos no identificados.
Los arqueólogos Ponciano Ortiz Ceballos y Rodríguez Martínez sostienen que las inscripciones podrían ser la base de un sistema de escritura Olmeca, usado para informar sobre los tributos que grupos de tribus subyugadas debían pagar. En base a otros materiales encontrados en las cercanías de la piedra, como jade y cerámica, se estima que el bloque de Cascajal tiene al menos 2900 años de antigüedad, por lo que se remonta al siglo IX antes de Cristo.
Por el contrario, el sistema de escritura conocido como Epi-Olmeca o istmiano, relacionado con los hallazgos en el istmo de Tehuantepec (Tuxtla y La Mojarra), parece que es posterior al período Olmeca y que debe vincularse al origen de las escrituras Izapa y Maya.
Además, algunos descubrimientos arqueológicos como petroglifos y bajorrelieves, hacen pensar en que los Olmecas desarrollaron un calendario solar que dividía el año en 365 días.
¿Cuál fue el origen de los Olmecas?
La palabra Olmeca (introducida por los arqueólogos en el siglo XX), deriva de la lengua náhuatl: Olli (caucho) y Mecatl (gente), o bien la gente del caucho, material usado para el juego de pelota.
Probablemente, los Aztecas lo usaban para referirse en general a los pueblos que habitaban en la región del istmo de Tehuantepec.
Si se quiere dar una respuesta científica al origen de los Olmecas, se deben considerar con atención los descubrimientos y hallazgos efectuados por la arqueóloga Niede Guidon en la zona arqueológica brasilera de Sao Raimundo Nonato. Algunas evidencias arqueológicas, apoyadas en años de trabajo y en varios reconocimientos internacionales, llevan a la conclusión de que grupos de Sapiens arcaicos llegaron a América (al estuario del río Paraiba) directamente de África, hace aproximadamente 60 milenios. Estos datos se obtuvieron analizando fogatas que se remontan a dicha época con la técnica del carbono 14.
Con el mismo método, se supo que algunas evidencias óseas humanas encontradas en la zona datan de hace 12 mil años.
Según estos descubrimientos y también en base a estudios de Antropología Morfológica por parte de investigadores como Walter Neves y Danilo Bernardo (Departamento de Genética y de Biología Evolutiva, Universidad de Sao Paolo, Brasil), se puede afirmar que grupos de Sapiens arcaicos llegaron a las costas del Brasil hace 60.000 años y que después de haber vivido miles de años en la zona de la Sierra de Capivara (actual estado brasilero de Piauí), se esparcieron por todo el continente suramericano y algunos de ellos llegaron inclusive a Norteamérica.
Otras hipótesis describen los Olmecas como descendientes de pueblos australo-melanesios que cruzaron el Océano Pacifico hace varios milenios, mezclándose después con pueblos de origen asiática-siberiana. En mi opinión es posible que los descendientes de los africanos arcaicos encontraron los australo-melanesios dando origen a los antepasados de los Olmecas. 
En la fase final de la cultura Olmeca, que data del 600 al 100 a.C., se percibe en las creaciones artísticas una influencia cada vez mayor de los estilos de Teotihuacán y de los Mayas.
La cultura Olmeca dejó de existir hacia el año 100 a.C., por razones desconocidas.
En mi opinión, de la misma manera que la cultura Maya, una de las causas pudo haber sido la esterilidad de los suelos y la falta de otras tierras aptas para la explotación agrícola.
De hecho, las técnicas agrícolas de intercalar los cultivos no eran todavía plenamente conocidas y si una zona se volvía árida, o bien improductiva, era muy fácil que llegaran rápidamente períodos de inestabilidad social, carestías y epidemias.
Como otras tierras mexicanas ya habían sido ocupadas por diferentes culturas (Teotihuacán, y embriones de pueblos Maya y Monte Albán), algunos sobrevivientes Olmecas pudieron haber emigrado hacia el sur, atravesando el estrecho de Panamá y estableciéndose en el sur de la actual Colombia, dando origen a la cultura que hoy conocemos como San Agustín. Sin embargo, las formas de escritura se perdieron, ya que probablemente estos sobrevivientes no pertenecían a las clases altas de los Olmecas, que eran las que las conocían. No obstante, mantuvieron vivo el culto al jaguar, como puede verse en las maravillosas estatuas de San Agustín.
Por otro lado, algunos individuos que quizás pertenecían a la élite, se mezclaron con los pueblos vecinos, dando origen a otras culturas, como la de Teotihuacán y la Maya, transmitiendo los conocimientos de la escritura y del calendario.
 
YURI LEVERATTO
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