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Origen del nombre America
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Origen del nombre America

Después de los viajes de Cristóbal Colon, en Europa tomaba auge el debate sobre la repartición de las tierras descubiertas.
Los portugueses insatisfechos con los tratados precedentes, presionaban al gobierno de Castilla para tomar posesión de más tierras. De hecho, en 1493, al regreso del primer viaje de Colón, el Papa español Alejandro VI había decretado en la bula Inter Cetera, que todas las tierras situadas al oeste de un meridiano distante cien leguas (alrededor de cuatrocientos veinte kilómetros) de Cabo Verde debían pertenecerle a España, mientras que las que fueron descubiertas y conquistadas al este de esa línea, y que no fueron sometidas al dominio cristiano debían pertenecerle a Portugal.
Correspondió al rey Juan II de Portugal realizar nuevas negociaciones con los reyes católicos de Castilla para desplazar la zona de influencia portuguesa más hacia el oeste y sosteniendo que el nuevo meridiano extendía a todo el mundo, limitando así el control español en Asia.
El nuevo tratado firmado en Tordesillas el 7 de junio de 1494, dividió así de nuevo el mundo entre las dos potencias europeas a lo largo del meridiano norte-sur, a trescientas setenta leguas (mil setecientos setenta kilómetros) hacia el oeste de las islas de Cabo Verde, correspondientes al meridiano cuarenta y seis grados. Las tierras situadas al este de esta línea pertenecían a Portugal y las situadas al oeste, a España. Este tratado era contrario a la bula de Alejandro VI pero fue aprobado por el papa Julio II con un nueva bula en 1506.
Justo en los años en que fue aprobado el tratado de Tordesillas, vivía en Sevilla un italiano, el florentino Amerigo Vespucci.
Este italiano nació en Florencia en 1454, y fue uno de los pocos que viajó animado simplemente por el afán de conocer, y una innata curiosidad geográfica. Con menos de treinta años entró al servicio de la familia Medici, como administrador de bienes y adepto a las relaciones comerciales. En 1491 fuè enviado a Sevilla para ocuparse de todos los negocios que los Medici tenían en el sur de España.
En Sevilla encontró un ambiente bastante estimulante e interesante, y aunque su profesión lo llevaba a ocuparse de comercio, sellos, mercancías y contratos, su interés real eran los viajes hacia esas tierras que estaban más allá del océano, y en el conocimiento de la gente que quizás las habitaba. Había leído muchísimo sobretodo a Marco Polo quien, en la reseña de sus viajes había descrito muy bien a Asia, Catai y Cipango. Sentía un profundo interés, tanto por la cultura de otros pueblos que vivían en Asia, como por la naturaleza, con la observación de animales y plantas.
Durante los primeros meses de su permanencia en Sevilla se encontró con Cristóbal Colón. Aunque desde el principio se hizo evidente que ambos tenían puntos de vista diferentes respecto a las exploraciones marítimas, tenían en común la lectura de Marco Polo y la fascinación por el viaje de este al Asia.
Vespucci estaba impresionado por la increíble variedad de pueblos, usos y costumbres descritos por el mercader veneciano, mientras que Colón estaba obsesionado con la idea de navegar hacia el occidente para poder alcanzar fácilmente aquellas tierras y apropiarse de sus riquezas auríferas. Ambos hablaron bastante sobre el tema pero Vespucci no se convencía fácilmente, algo le decía que el viaje hacia el oeste era demasiado largo. La reseña de Marco Polo y los cálculos de Tolomeo y Alfagrano lo llevaron a pensar que la tierra no era tan pequeña. Colón por el contrario imaginaba la Tierra más pequeña de lo que en realidad es y según sus cálculos, si navegaba hacia el occidente lograría llegar a Asia en treinta días.
Cuando Colón regresó de su segundo viaje los reyes de Castilla comenzaron a darse cuenta que las nuevas islas descubiertas se extendían en una enorme porción de océano. Se convencieron por lo tanto de que si querían extender sus dominios e impedir que las flotas portuguesas incursionaran en las zonas de su influencia, tendrían que darle a otros exploradores la posibilidad de viajar hacia las nuevas tierras descubiertas, ya fuera para adquirir nueva información para una posible ruta hacia Catay y Cipango o para buscar más oro y otras posibles riquezas.
Fue probablemente el rey Fernando II de Aragón en persona quien quiso organizar un viaje con el fin de verificar la existencia real de tierra firme, sentarla en un mapa y obtener así informaciones preciosas que sirvieran para futuras empresas. Algunas evidencias sugieren que Amerigo Vespucci tomó parte en esta expedición, y que viajó por primera vez más allá del Atlántico en mayo de 1497. Algunos historiadores sostienen que el primer viaje de Vespucci fue en 1499 junto con Ojeda y el cartógrafo Juan de la Cosa, mientras otros sostienen que fue el primer europeo en poner pié en tierra firme suramericana el 24 de junio de 1497. Y dicha convicción se fundamenta ante todo en la lectura de la relación de sus cuatro viajes, llamada Carta de Amerigo Vespucci sobre las islas nuevamente encontradas en cuatro de sus viajes, dirigida a Piero Soderini en 1504. En esta carta Vespucci describe la primera salida del Puerto de Cádiz el 20 de mayo de 1497:

En el año del Señor 1497, el día 20 de mayo, partimos del Puerto de Cádiz. La primera tierra que tocamos fueron las islas llamadas antiguamente Afortunadas, actualmente Gran Canarias. En esas islas permanecimos durante ocho días y nos aprovisionamos de leña, agua y víveres. Luego comenzamos a viajar hacia occidente, en un viaje tan pleno, que en veintisiete días llegamos a una tierra que creíamos fuera continente, distante más o menos mil leguas de las islas Canarias. Lo que en realidad era cierto es que estábamos a setenta y cinco grados al occidente de las Gran Canarias y que el pueblo septentrional se elevaba a dieciséis grados sobre el horizonte de aquellas tierras.

¿Quién fue el comandante de esta expedición?
Tal vez fue Yanez Pinzón o quizás el intrépido capitán sevillano Juan Días de Solís, experto en navegaciones oceánicas, quién años más tarde sería victima de un feroz ataque indígena en el litoral del Río de la Plata.
Vespucci, en todo caso, anota en su carta el haber tocado tierra, a dieciséis grados sobre el ecuador y setenta y cinco grados al oeste de las Canarias.
El lugar de desembarque de su primer viaje, ha sido motivo de debate en el curso de los últimos años. Algunos sostienen que en el misterioso viaje Vespucci haya tocado tierra en Honduras, otros en cambio, después de haber profundizado más La Carta, sostienen que tocó tierra en la península de la Guajira, en el actual territorio colombiano. Del lugar adonde llegaron el 24 de junio de 1497, situado a setenta y cinco grados a occidente de las Canarias y a diez grados sobre el ecuador, la expedición debió dirigirse hacia el norte hasta alcanzar el Cabo de la Vela. Y aquí Vespucci, narra con lujo de detalles los usos y costumbres de los indígenas locales, como el uso de las hamacas, hasta el momento desconocidas por los europeos. Dichas relaciones nos llevan a pensar en los indígenas de etnia Wayúu (idioma Arawak). Describe además en un curioso pasaje, las costumbres sexuales y las características físicas de las mujeres indígenas:

Los indígenas del lugar son poco celosos, pero lujuriosos al extremo, especialmente las mujeres, cuyas artes para satisfacer sus insaciables ligerezas mejor callo para no ofender el pudor. Tienen un cuerpo maravilloso, elegante, bien proporcionado. Es muy raro ver arrugas en el seno de una mujer, aún después del parto, ni en el vientre, ni en las partes carnosas. Todas se conservan como si no hubieran parido.

Otro indicio de la participación de Vespucci en este viaje de exploración es la descripción que se hace de la entrada a una laguna donde había un pueblo que vivía en chozas construidas sobre el agua como en Venecia.

Y siguiendo desde ahí, siempre por la costa, con varias y diversas rutas de navegación y tratando en todo este tiempo con muchos y diferentes pueblos de aquellas tierras, después de algunos días llegamos a un cierto puerto en el cual Dios quiso librarnos de grandes peligros. Entramos a una bahía y descubrimos una aldea que parecía una ciudad, colocada sobre las aguas como Venecia, en la cual había veinte casas grandes, no muy distantes entre ellas, construidas y apoyadas sobre palos gruesos. De frente a la entrada de estas casas había puentes levadizos, a través de los cuales se pasaba de una a otra, como si todas estuvieran unidas.

El inmenso territorio que estaba en el interno de esta laguna se denominó “Venecia”, nombre que después se transformó en “Venezuela”.
Luego la flota, según relata la historia del florentino, navegó hacia el este, llegó en agosto de 1498 a Coquibacoa y al golfo de Paria situado de frente a una isla que Colón en su tercer viaje bautizaría como Trinidad. Vespucci continúa la historia, contando como los barcos se dirigieron nuevamente hacia el mar abierto, pasando por numerosas islas de las Antillas.
Sobre el itinerario que se siguió para el viaje de regreso hay numerosas interpretaciones. Es probable que los navegantes costearon las tierras de Centroamérica, y entraron en el Mar Océano pasando entre la isla de Cuba y la península de la Florida.
Vespucci describe una isla llamada Iti la cual no corresponde en lo absoluto a Haití.
Vale la pena destacar el mapamundi que el cartógrafo y navegante Juan de la Cosa diseñó en 1500, a su regreso de un viaje posterior que realizó con Alonso de Ojeda, en el que participó también Vespucci.
En el mapa están trazadas las costas centroamericanas con gran precisión, la isla de Cuba está diseñada como es en la realidad, es decir, despegada del continente pues hasta ese momento, había sido considerada como parte del Catay y por lo tanto unida al supuesto continente asiático.
Dado que en el viaje siguiente en 1499 no hay señales de una ruta entre Cuba y Florida, como tampoco la hay en los tres primeros viajes de Colón, es factible que alguien hubiera tomado esta ruta precedentemente, justo en el viaje en 1497.
Todo lo anterior hace pensar que Juan de la Cosa participó en la expedición de 1497, hizo los mapas de las costas centroamericanas, identificó a Cuba, a la que ya había conocido viajando en las dos primeras expediciones de Colón, navegó entre ésta y la Florida, percatándose de que se trataba de un territorio insular, y la representó exactamente como correspondía a la realidad: una isla.
Otro detalle que hace pensar en la veracidad del viaje es Iti, una isla pequeña que aparece en el mapamundi de Juan de la Cosa, y que quizá es una de las Bahamas actuales.
Según La Carta de Vespucci y el mapamundi de Juan de la Cosa, es claro que el florentino fue el primer europeo que conoció y describió el continente suramericano en junio de 1497. La flota regresó a Cádiz el 15 de octubre de 1498.
Al regreso de su primer viaje, Vespucci conoció a Alonso de Ojeda, capitán de gran experiencia, que hizo parte de la segunda expedición de Colón en 1493.
Ojeda permaneció en La Española hasta 1496, participó en la batalla de Vega Real, en la que un escuadrón de cuatrocientos españoles, triunfaron sobre un ejército de diez mil indígenas. Esta fue realmente la primera batalla entre españoles e indígenas.
Los españoles poseían arcabuces, arma anterior al fúsil que podía causar la muerte desde lejos, y se desplazaban a caballo, sembrando el pánico entre los indígenas que creían que estaban enfrentándose a semidioses.
En aquellos años, debido a los rumores que se habían expandido después del primer viaje de Vespucci, Ojeda estaba convencido de la existencia de tierra firme, y pensaba que la riqueza aurífera que tanto se pregonaba, se hallaba en el continente y no en las islas. Consideró entonces la idea de regresar a España para organizar desde allí una expedición para explorar las costas de la tierra firme y eventualmente también el interior de ésta.
Cuando De Ojeda regresó a Sevilla se encontró de nuevo con Juan de la Cosa a quien había ya conocido en su segundo viaje con Colón y como necesitaba de un piloto experto para la operación, le propuso participar en esta empresa en la que también involucraron a Vespucci. Los tres se encontraron en los primeros meses de 1499 y decidieron partir en los primeros días de mayo.
Fueron tres naves en total, una comandada por Ojeda y pilotada por Juan de la Cosa, y otras dos embarcaciones florentinas comandadas por Amerigo Vespucci.
Zarparon del puerto de Santa Catalina en Cádiz, el 18 de mayo de 1499. Después de hacer escala en las islas Canarias siguieron con dirección sur – sureste, no hacia las Antillas, sino más al sur, siempre hacia tierra firme.
Ojeda estaba convencido que el fabuloso reino de Catay se hallaba mucho más al sur de lo que Colón pensaba y creía que lograría encontrarlo antes de que el Almirante genovés lo hiciera. En sus conversaciones, cargadas de un deseo desmedido de poder y de una ciega avidez, expresaba su intención de adueñarse sin dificultad alguna de aquellos reinos asiáticos en los que Colón había fracasado.
Juan de la Cosa y Amerigo Vespucci lo escuchaban perplejos, ya que su visión del mundo, más moderna y conocedora de la geografía, les hacía concientes de las reales dificultades para arribar a las Indias.
Después de veinticuatro días de mar, avistaron tierra y llegaron a las costas de la Guayana, cerca al río Damerara. Luego se dirigieron al norte, hacia el golfo de Paria, donde desembarcaron para visitar algunas aldeas indígenas. Aquí Vespucci se dio cuenta de quien era realmente Ojeda: el español quería adueñarse de todas las piezas de oro y riquezas que poseían los indígenas a costa de cualquier cosa, inclusive usando la fuerza para lograr su objetivo. Ni el cantábrico ni el florentino simpatizaban con este comportamiento descarado y codicioso, y así se lo hicieron saber.
Es posible que el florentino y el cantábrico hayan hablado de geografía y hayan intercambiado puntos de vista e información reales sobre la verdadera naturaleza de esa tierra firme desconocida.
A este punto, Vespucci decidió abandonar la nave de Ojeda y continuar por su lado con la exploración de las costas situadas al sureste. Hay muchas interpretaciones respecto a esta decisión. Algunos hablan de desacuerdos con Alonso de Ojeda, mientras otros sostienen que Vespucci, justamente porque ya conocía la costa al oeste del golfo de Paria que había visitado en su primer viaje, decidió explorar las costas al este, que eran desconocidas para él. En su viaje hacia el sureste, costeando la actual Guayana y Brasil, Vespucci fue el primer europeo que individuó el estuario del Río Amazonas, lo impresionó su color marrón que se percibe adentrándose en mar abierto por decenas de kilómetros.
En este pasaje de sus “Cartas” el florentino describe el descubrimiento de dos grandes ríos, que podrían ser las dos bocas del Rio Amazonas:

Creo que estos dos ríos son la causa del agua dulce en el mar. Nos pusimos de acuerdo en entrar a uno de estos ríos y navegar a través de él hasta encontrar la ocasión de visitar aquellas tierras y poblaciones; preparadas nuestras embarcaciones con sus provisiones y veinte hombres bien armados, entramos al río y navegamos remando durante dos días superando la corriente alrededor de dieciocho leguas, avistando muchas tierras. Navegando así por el río, vimos señales muy ciertas que el interior de éstas estaba habitado. Por lo tanto decidimos regresar a nuestras carabelas que habíamos dejado en un lugar no muy seguro y así lo hicimos.

Luego prosiguieron al sur, hacia el Cabo de San Agustín. Durante este trayecto, Vespucci observó cuatro estrellas llamadas luego la “Cruz del Sur”, y se dio cuenta que indicaban exactamente esa dirección, el sur.
En una de sus cartas a Lorenzo de Pier Francesco de Medici, Vespucci trae los célebres versos del purgatorio de Dante Alighieri, los que describen las cuatro estrellas, conocidas inicialmente por los antiguos griegos, pero consideradas parte de la constelación del Centauro:

Yo giré a mano derecha y me dirigí al otro polo, y vi cuatro estrellas solo antes vistas por los primeros hombres. El cielo parecía gozar con su brillo: Oh pobre viudo sitio septentrional, privado de mirarlas.

El florentino nos dejó también una descripción colorida y poética de la fauna que encontró en las tierras suramericanas:

Lo que vi fueron… tantos papagayos guacamayas y de tantas especies diferentes, que era una maravilla; algunas de color verde, otras de un espléndido amarillo limón, y otras en negro pero bien de carnes; y el canto de los otros pájaros en los árboles era tan suave y melódico, que muchas veces nos deteníamos a escuchar esa dulzura. Los árboles que vi eran de tal y tanta belleza, que pensamos que estábamos en el paraíso terrestre…

Luego Vespucci regresó al norte, reconociendo la desembocadura del Orinoco, hizo escala en Trinidad, y finalmente llegó a La Española.
Alonso de Ojeda y Juan de la Cosa habían recorrido la costa norte de la actual Venezuela, pasando por la desembocadura del Orinoco, el golfo de Paria, la isla de Trinidad y la de los Gigantes, así llamada por haber observado allí, indígenas de gran estatura. Quizá corresponde al Curazao actual. Ambos se dirigieron luego al Cabo de la Vela, siguiendo luego hacia La Española.
Al llegar a esta isla con poco oro y algunos esclavos rebeldes y peligrosos, los colonos de la isla, en su totalidad seguidores de Colón, los acogieron con hostilidad por haber viajado sin la aprobación del genovés. El viaje de regreso se realizó en junio de año 1500.
Apenas regresó a Europa, Amerigo Vespucci pidió a los reyes de España que le dieran más naves para realizar otras exploraciones más al sur de las tierras ya conocidas, pero éstas no le fueron asignadas debido a que según el tratado de Tordesillas, esa zona era de competencia portuguesa. Además los reyes, le habían destinado ya las naves a Ojeda, puesto que con el tenían más esperanza de encontrar oro y riquezas.
El florentino se dirigió entonces a Portugal. El rey Manuel I le permitió participar en la expedición de Gonzalo Coelho. La flota portuguesa salió el 13 de mayo de 1501 de Lisboa, llegando a la costa africana de Bezebeghe, el actual Senegal, donde se puso en contacto con las naves que estaban regresando de la India al comando de Pedro Alvarez Cabral, por la ruta que tres años antes había descubierto Vasco de Gama.
En Bezebeghe los tripulantes de las dos expediciones entraron en contacto y Vespucci tuvo la oportunidad de conocer al judío polaco Gaspar de Gama. El judío era un atento observador de los usos y costumbres que había conocido en Asia. De Gama le describió ampliamente al florentino los pueblos conocidos en la India, su geografía y costumbres, y le habló de la ciudad de Calicut en particular. Además le dio a Vespucci datos importantes sobre la biología y la naturaleza de las tierras de la India.
Escuchando al judío, Vespucci pensó que las tierras al oeste del Mar Océano, no tenían nada que ver con la India, pero no estaba plenamente convencido.
Entonces, la flota portuguesa retomó el mar con rumbo al occidente y después de setenta y cuatro días de mar, avistó las costas del actual Brasil, después de soportar fuertes borrascas que retrasaron un poco la expedición. La flota tocó los cabos de Santa María, San Jorge, Santa Cruz, el río de San Francisco y la Bahía de todos los Santos. Más adelante las naves llegaron a una bahía maravillosa, que llamaron “Río de Janeiro”, dado que el calendario señalaba el 1 de enero de 1502.
A este punto, decidieron continuar la exploración hacia el sur a sabiendas de que se trataba de tierras que estaban bajo la influencia española; en marzo de 1502 llegaron al estuario de un gran río, el actual Río de la Plata, que fue denominado Río Jordán; luego en abril de 1502, la flota se detuvo en el estuario de un río situado en el paralelo sur 52, que Vespucci llamó Río Cananor.
A continuación se cita un pasaje de una carta de Vespucci en la que describe aquellos días:

Navegamos hasta encontrar que el Polo meridional se elevaba cincuenta y dos grados, en términos que ya no podíamos ver la Osa Mayor ni la Menor. El 3 de abril hubo una tormenta tan fuerte que tuvimos que amainar las velas, el viento era de levante con ondas grandísimas y aire de tempestad. Era tan fuerte, que toda la tripulación tenía gran temor. Las noches eran largas, aquella del 7 de abril fue de 15 horas porque el sol estaba al final de Aries, y en esta región había invierno. En medio de la tempestad avistamos el 7 de abril una nueva tierra, que recorrimos por alrededor de veinte leguas, encontrando costas salvajes, ningún puerto, ni gente creo porque el frío era tan intenso que ninguno en la flota podía soportarlo. Viéndonos en tal peligro y tal tempestad, que apenas se podía ver una nave de la otra, tan altas eran las ondas, que acordamos hacer señales para reunir la tropa y regresar a Portugal. Y fue una decisión muy sabia, porque si hubiésemos retardado aquella noche, seguramente nos habríamos perdido todos.

Vespucci había llegado casi a la desembocadura del famoso estrecho que Fernando de Magallanes recorrió dieciocho años más tarde. Sus cartas fueron preciosas fuentes de información para las expediciones sucesivas de Juan Días de Solís y Magallanes.
Cuenta la historia que Magallanes dijo a su tripulación en un momento en que se sentía temerosa de seguir adelante:

Hasta aquí llegó Amerigo Vespucci, nuestro destino es ir mas allá!

Luego la flota desvió de nuevo hacia el norte para regresar a Portugal.
En una noche iluminada por la luna, cuando las naves estaban ancladas delante de las costas del actual Brasil, Amerigo Vespucci tuvo una sensación extraña: tuvo la convicción de que estas tierras no eran islas, sino un tierra firme grandisima que nada tenía que ver con el Asia. Era un mundo nuevo, y nuevos eran los animales, la vegetación, los indígenas, cuyos usos y costumbres no tenían nada en común con lo visto hasta ahora en el mundo conocido. Además durante este viaje Vespucci localizó en el mapa dos estrellas, Alpha y Beta Centauro, que son los astros más cercanos a nuestro sol.
A su regreso a Europa en 1502, Vespucci fue casi ignorado. Los portugueses estaban desilusionados del florentino porque veían abrirse una controversia con los españoles por la posesión de las tierras descubiertas. Los españoles lo veían mal por haber viajado en naves portuguesas, y también porque hasta entonces, nadie había encontrado ni oro en grandes cantidades, y ni siquiera una travesía para el Catay o las Indias. Ambas coronas estaban insatisfechas debido a que en las últimas expediciones el botín había sido bastante escaso. Nadie pareció apreciar la extraordinaria importancia de las observaciones geográficas, antropológicas y naturalistas de Vespucci.
Desde Lisboa, Vespucci envió una carta a Lorenzo de Pier Francisco de Medici, primo de Lorenzo el Magnífico, en el cual describe su tercer viaje. La traducción al latín de esta carta, fue llamada “Mundus Novus”. Su publicación en Augusta en 1504 tuvo tanto éxito, que se realizaron once ediciones.
En 1503 Vespucci partió para su cuarto viaje en otra expedición organizada por el rey Manuel I de Portugal. Contaba con seis naves, dos de las cuales fueron dotadas por los florentinos. El viaje no fue tan afortunado, pues el buque insignia naufragó. La flota llegó a las costas del Brasil después de haber descubierto una isla en el medio del océano que fue bautizada Fernando de Noronha, en honor a uno de los integrantes de la tripulación. En las costas del Brasil no hubo nuevos descubrimientos, ni fundación de nuevas aldeas; la flota regresó a Lisboa el nueve de junio de 1504.
Vespucci escribió entonces una nueva carta llamada “Carta de Amerigo Vespucci sobre las islas nuevamente encontradas en cuatro de sus viajes”, y la dirigió al personaje político Piero Soderini. En esta carta Vespucci hace una descripción muy completa de los cuatro viajes que realizó.
A continuación se cita un pasaje de la carta “Mundus Novus” donde Vespucci, reconociendo el haber descrito un nuevo continente, escribe:

Llegué a la tierra de las Antípodas, y reconocí que estaba frente a la cuarta parte de la Tierra. Descubrí el continente habitado por una multitud de pueblos y animales, más que nuestra Europa, Asia o la misma África.

Más adelante, en el siglo XVIII, se encontraron otras tres cartas inéditas de Vespucci: la primera, describe el viaje de 1499-1500 con Alonso de Ojeda, la segunda fue expedida desde Cabo Verde, cuando la expedición de Coelho tuvo contacto con las naves de Cabral y la tercera fue escrita desde Lisboa al completar dicho viaje.
El cosmógrafo alemán Martin Waldseemuller fue el primero en divulgar las noticias de Vespucci en su “Cosmographie Introductio”, publicada en Lorena en 1507.
Después de la publicación de esta obra, las nuevas tierras descubiertas se comenzaron a llamar “Americus, o “América”, en honor a las observaciones realizadas por Vespucci.
Al principio se hablaba de América solo para referirse a los territorios del sur del istmo de Panamá, pero con el tiempo dicho término se utilizó también para aquellos territorios situados al norte del istmo.
En 1508, Amerigo Vespucci fue nombrado “Piloto Mayor de Castilla” por el rey Fernando de Aragón. Este título reconocía a Vespucci como el navegante más experto del Reino de España y por ello se le asignó la tarea de seleccionar e instruir a los futuros pilotos y cartógrafos, enseñándoles el uso del astrolabio y el conocimiento de los vientos.
Murió en Sevilla en 1512 sin dejar descendencia, sus bienes los heredó su esposa, la andaluza Maria Cerezo.

YURI LEVERATTO
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