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En 1635 el español Pedro de Iriarte, que vivía en las cercanías del pueblo de Santa Cruz de la Sierra (actual Bolivia amazónica), presentó una propuesta de una expedición hacia la misteriosa tierra de los Moxos al presidente de la real audiencia de Charcas (cuya capital era La Plata, la actual ciudad de Sucre), Juan de Lizarazu.
A pesar que la expedición nunca se ha llevado a cabo, las “Crónicas de Lizarazu” son importantes para acercarse al estudio de la ultima zona amazónica que en el siglo XVII era todavía completamente virgen, donde todavía vivían los Moxos, al lado del área del Paititi histórico.
Las “Crónicas de Lizarazu” están compuestas de siete partes. He aquí la relación del Padre Felipe de Alcaya (1636), cuyas fuente fue el viaje de su padre Martin Sanchez de Alcagaya en la tierra de los Moxos del siglo precedente.
Relación cierta que el Padre Diego Felipe de Alcaya, cura de Mataca, envió a su excelencia el señor Marques de Montesclaros, virrey de estos reinos, sacada de la que el capitán Martin Sanchez de Alcagaya, su padre dejó echa como primer descubridor y conquistador de la gobernación de Santa Cruz de la Sierra y primer poblador, el cual con particular cuidado y estudio fue asentando todo lo que en su descubrimiento sucedió, y en especial de la tierra rica que Mango Ynga, segundo capitán de este nombre, tiene conquistada, que hoy posee en grandísima felicidad por su gran prosperidad, llamada Paytiti, en la cual tiene descubierto todo genero de metales hasta el más lucido que es el oro, saca perlas de la laguna que ciñe por una falda el cerro Paytiti, saca piedras de todos colores de grande estima, y del cerro rico que el capitán Condori labró en la cordillera de los Chiriguanes llamado Çaypuru y del oro que sacaba su hermano Guacane, rey nuevo de los llanos de Grigotta, cuya fortaleza está hoy en pie en testimonio de lo dicho por su gran fundamento, llamada Sabaypata. Que es como sigue.
[Hace años] el Inca del Cusco envió a su sobrino Mango Ynga, segundo de este nombre a la conquista de los Chuncos, gente caribe que tienen ocupadas todas las faldas del Cuzco, Chuquiago[La Paz] y Cochabamba, el cual entró con 8000 indios en armas, llevando consigo a un hijo suyo. Y con prospero suceso llegó a los llanos de esa cordillera, que viene a ser toda una con la de Santa Cruz de la Sierra, aunque hay mucha tierra y grandes ríos que bajan de estas cordilleras, y muchos pantanos y anegadizos. El cual también llevaba el titulo de Rey de las provincias que conquistase; y no quiso quedar ni hacer asiento tan cerca del Inca del Cuzco, porque no le quitase lo que ganase como hizo a los Reyes de Umuguaga, Chile y al del Quito después que tenían quieta y sujeta la gente. Antes, con esfuerzo varonil, determinó con su gente pasar todas las dificultades que podían haber de enalejarse de su tío; y pasando muy grandes asperezas y peligros por la gran corriente de los ríos intratables que hay de arrebatada corriente y hondura, añadiéndose a esto la gente de naturales que cada día le salían puesta en arma a defender su tierra, facilitaba estos inconvenientes con dadivas de media luna de plata para que se pusiesen en la cabeza y otras cosas de estima, con que los naturales de estos llanos le iban sirviendo, dándole canoas para navegar por los ríos caudalosos que son muchos y grandes y le traían sus hijas para que le sirviesen y le daban todo el bastimento necesario de maíz, yucas y maní a este capitán. Y habiendo llegado al río grande o Guapay, sobre cuya barranca están fundadas las dos ciudades de San Lorenzo y Santa Cruz, poco mas de 100 leguas debajo de estas ciudades le pasó sin perdida de un indio, porque ya los naturales le habían conocido, y de como no quería quedar en sus pueblos le dieron infinidad de canoas, con que hizo su viaje entre el norte y el oriente. Y llegando a otro río caudaloso que en partes tiene legua de ancho, llamado Manatti[Rio Guaporé], que corre al pie de otra larga cordillera, hizo con su gente una puente de crizneja, después de haber considerado el sitio más aparejado, que tiene hoy día vivo renovándola cada año. Que es lugar más angosto que con una teja se pasa a la otra parte, donde tiene puesto este gran señor por sello y señal de que comienza desde allí su reino un carnero de piedra. Y subió después de haber pasado toda su gente la cordillera, que tiene poco menos de legua, pensando que como tenía la subida tendría la bajada. Y puesto en lo alto se sabe que es toda en igual alteza de extremado temple; la más es rasa; hay muchas islas en estos llanos de albores frutales. Hay morales y robredales, arboleda de España, muchos arroyos de alegres aguas donde halló innumerables provincias de diferentes naciones, gente limpia, que tienen sus ciudades cercadas de unos higuerones que dan higos blancos, y los caminos limpios de a quince pies de ancho, gente vestida de algodón y labradora. Y sin ninguna dificultad ni tomar armas, recibieron a este dichoso rey y lo reconocieron por señor hasta hoy, que al juicio de los pilotos tiene este reino más de 1000 leguas de longitud y 400 de ancho. Y considerando la disposición de la tierra, pobló a las espaldas del cerro llamado Paytiti, donde dicen los naturales guarinis [Guaranies] que han entrado después acá a ver a este potente señor, que en este cerro se halla en partes plata corrida y de allí sacan su metal y la acrisolan y funden y sacan la plata limpia. Y así como acá fue cabeza de este reino el Cuzco, lo es ahora en aquel grandioso reino el Paytiti llamado Mojos. Y después que dio asiento a las cosas tocantes a la nueva ciudad , que es la mayor que acá tuvo el Inca, porque este dichoso rey no desmembró su gente sino siempre la tuvo en un cuerpo, y asegurado su reino aquel que primero sujetó lo mejor que pudo, mudando uno de una parte a otra, despachó a su hijo Guaynaapoc, que quiere decir en su lengua “rey chico o rey mozo” al Cuzco a que diese cuenta de la conquista que su padre había echo a su tío el Inca. Y no le envió plata ni oro ni cosa que oliese a estima porque no le quitase lo que tanto sudor y fatiga le había costado. Antes le mandó y encargó el secreto de la tierra rica, diciéndole que si quería ser señor de lo que había visto, que solo dijese al Inca que no se había hallado más de aquel cerro de plomo que es el Paytiti, que titi en su lengua es el plomo y pay “aquel”. Y lo mismo encargó a 500 indios que le dio de los suyos para que le fuesen sirviendo hasta el Cusco, y les mandó que trajesen sus mujeres e hijos, y las tias y madre de su hijo y las de los que con él quedaban, y que dijesen al Inca que por ser aquella tierra más aparejada para sus labranzas y crianzas, se había allí poblado, y que le enviase carneros y semilla de esta tierra, y que toda la riqueza quedaba en las faldas del Cuzco, como es verdad que se saca en nuestros tiempos el oro en Carabaya, Simaco y otros lugares. Llegado pues el “rey chico” [Guaynaapoc] a la ciudad del Cusco, halló la tierra dominada por Gonzalo Pizarro, a su tío [Huáscar] preso por la muerte del rey de Quito [Atahualpa] y al otro Inca retirado en Vilcabamba [Manco Inca]. Y con esta ocasión hermosa convocó, él de su parte y los indios que traía de la suya, a que le siguiesen a la nueva tierra que tenía su padre descubierta, llamada Mococalpa, vocabulo corrupto del español que ahora llamamos Mojos. De manera que con la novedad de los españoles poco fue menester; siguieron a Guaynapooc hasta 20.000 indios, aunque al juicio de los indios del Cuzco pasaron muchos más de los que se habían retirado a Vilcabamba con su rey, el cual volvió poderoso de gente su nación. Llevaron consigo gran suma de ganados de tierra y oficiales de platería, y de paso fue reduciendo por bien a los naturales de los llanos , llevándolos consigo hasta la puente de criznejas que está en el río Manatti [Río Guaporé], el cual corre desde su nacimiento 200 leguas del sur al norte, y entra en este río de la Barranca [Río Mamoré?]; y de la otra parte del río Manatti los plantó sin que su padre hubiese entendido en cosa de tanta importancia , y pasó al Paytiti, donde fue de su padre y soldados muy alegremente recibido , doblándoseles el gozo por la seguridad de su reino por haber preso al rey del Cuzco el marques don Francisco Pizarro.
YURI LEVERATTO
Copyright 2012
Bibliografia: "Crónicas de Lizarazu" en "Paititi Ensayos y Documentos", Vera Tyuleneva y Isabelle Combes, Ed. Misionologia, Cochabamba.
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