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En el 2009 viajaba por el departamento de Meta, en Colombia.
Mi objetivo era el maravilloso Caño Cristales, uno de los lugares paradisíacos del país andino. En efecto, el río Cristales (afluente del Río Guayabero), que se despliega en una zona de rara belleza paisajística, es famoso por las multicolores algas presentes en su cauce. Hay algas con tonalidades rojas, amarillas, naranjas e incluso azules, cuyos colores resplandecientes se reflejan en las aguas creando espectaculares juegos de luces.
Una vez llegué al pueblito de La Macarena, en un tambaleante avión Cessna, me alojé en un pequeño hotel y contacté a mi guía.
Al día siguiente visité el Caño Cristales en una caminata de aproximadamente diez horas incluyendo ida y regreso.
A continuación mi guía me informó que, remontando el Río Guayabero por unas dos horas en una pequeña embarcación, sería posible ver las extrañas incisiones en la roca, cuyo origen y antigüedad nadie conocía.
Decidí entonces alquilar una pequeña embarcación con el fin de llegar al lugar de los petroglifos. Partí junto con un pequeño grupo de colombianos, el cual también estaba interesado en observar las extrañas incisiones de las cuales hablaba mi guía.
Después de aproximadamente una hora de navegación remontando el Río Guayabero (un afluente del Río Orinoco), nuestra pequeña lancha se metió en un estrecho cañón llamado raudal, donde la corriente es fortísima y la profundidad máxima. Mientras observaba las escarpadas paredes rocosas que servían de cauce natural al río, nuestra embarcación avanzaba con dificultad contra la corriente.
Después de aproximadamente media hora de ardua navegación, el río se hizo nuevamente ancho y atracamos en una explanada rocosa a nuestra izquierda.
Inmediatamente luego pudimos observar grandes petroglifos antropomorfos, pero también otros grabados de figuras zoomorfas y abstractas.
En lo que respecta a las figuras zoomorfas, se observan más que todo aves (símbolo de la cercanía a Dios) y simios (símbolo de fertilidad). Cabe notar que, a diferencia de otros petroglifos suramericanos, no hay grabados que ilustren serpientes, quizá por la total carencia de ofidios en la zona de la Serranía de la Macarena y del medio curso del Río Guayabero.
Lo que más me impactó, en todo caso, fueron las figuras antropomorfas, 25 humanoides de diferentes dimensiones, de 30 centímetros a 2 metros.
En la explanada principal fueron entalladas figuras antropomorfas una cerca de la otra, casi como si estuviera representando una especie de consejo de ancianos de la tribu. Luego hay una figura central que destaca por su grandeza, que pudo haber sido el cacique o jefe tribu.
Sin embargo, la representación de sujetos antropomorfos podría también responder a otras lógicas, como por ejemplo al concepto de antropomorfismo.
Comúnmente, por antropomorfismo se entiende la atribución de cualidades y características humanas a seres divinos.
Por lo tanto, es posible que los antiguos creadores del petroglifo hayan querido representar a los Dioses o a su Panteón justamente en forma antropomorfa.
En la zona del Río Guayabero vivieron varias etnias de indígenas Guayaberos, Tinigua, Majigua y Churoyes, que por desgracia se extinguieron con el transcurrir de los siglos, a causa de la introducción involuntaria de nuevos virus y bacterias por parte de los colonizadores de origen europeo. El testimonio histórico más antiguo de los pueblos que vivían en la cuenca del Río Guayabero fue el del alemán Jorge Espira, conquistador al servicio de la familia Wesler (que prestaba dinero al rey de España Carlos V) en 1536. En la relación de su riesgoso viaje, Jorge Espira describe una batalla que los españoles sostuvieron contra los temibles Choques, en la que perdieron varios hombres y tuvieron que retirarse.
De todos modos, en mi opinión, los autores de los magistrales grabados tuvieron que haber sido antecedentes al período correspondiente a la llegada de los conquistadores españoles.
Los petroglifos del Río Guayabero (denominados también Angostura I y II), son por ahora los únicos indicios de las culturas ancestrales poco conocidas y valoradas que tenemos a nuestra disposición. Estos signos del pasado son además únicos, ya que representan 25 figuras antropomorfas como en ningún otro petroglifo del Nuevo Mundo.
¿Qué querían comunicar a la posteridad los autores del magistral grabado? ¿Quizás su petroglifo no era otra cosa que un lugar sagrado de adoración donde se reunían los ancianos a rezar a sus Dioses, representados como semejantes a los humanos, tal como en la mayoría de las culturas antiguas?
Lamentablemente en la zona del Río Guayabero no se han efectuado todavía excavaciones arqueológicas que pudieran proporcionarnos más información sobre los autores del misterioso petroglifo.
YURI LEVERATTO
Copyright 2012
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