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La sorprendente civilización hidráulica de los Moxos y el enigma de los lagos modificados y orientados en el eje suroeste/noreste
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La sorprendente civilización hidráulica de los Moxos y el enigma de los lagos modificados y orientados en el eje suroeste/noreste

En los actuales departamentos bolivianos de Beni y Pando y en los estados brasileros de Rondonia y Acre se desarrolló, en un período comprendido entre el siglo III y el XVI, una civilización muy particular, basada en la agricultura intensiva y en la construcción de canales y terraplenes con el fin de dominar el curso de enormes ríos.
A la misma manera de las extraordinarias civilizaciones de los ríos Éufrates y Tigris (Sumerios), del río Indo, del río Amarillo (China) o de la civilización egipcia florecida alrededor del Nilo, la civilización de los Moxos (el nombre original era Musu) germinó en las cercanías de los inmensos ríos amazónicos Mamoré, Beni, Guaporé, Amarumayo (Rio Madre de Dios) y Madeira.
La característica principal de esta gran cultura fue la construcción de colinas artificiales, terraplenes y canales en la llanura amazónica inundable, situada entre los ríos Mamoré, Guaporé y Beni, aunque también en la parte ubicada al norte del Río Guaporé.
Las colinas artificiales eran usadas tanto para vivir en zonas no inundables, como por motivos rituales y funerarios, o bien, para sepultar los huesos de los difuntos. Los terraplenes servían para crear áreas elevadas en donde plantar cereales, tubérculos, verdura y árboles de fruta, mientras que los canales servían no sólo para encauzar las aguas hacia regiones por irrigar o hacia lagos modificados artificialmente, sino también para la piscicultura, la acuicultura y la navegación en canoas, a saber, como vías de comunicación.
En la llanura aluvial situada en el departamento del Beni, en la vertiente izquierda del Río Guaporé, como también en la zona situada al norte del mismo río en Rondonia, hay unas veinte mil colinas artificiales, para una extensión total de aproximadamente 400.000 hectáreas, o sea, 4.000 kilómetros cuadrados (sin contar los terraplenes y los canales), de tierra transformada por el hombre.
Po lo tanto, la cultura hidráulica de los Moxos, gente de idioma arawak, alcanzó un alto grado de control de la región y de las inundaciones, que en esta parte de Amazonía son estacionales.
En cuanto a las relaciones con los pueblos vecinos podemos afirmar que los Moxos tenían frecuentes contactos con los Incas, si bien entre los territorios de los dos pueblos vivían otras etnias como los Toromonas y Chunkos, que pagaban tributos y eran consideradas vasallas de los Incas.
Cuando los españoles llegaron al Cusco, supieron de un riquísimo reino llamado Paititi, situado en la selva baja amazónica. La desmedida ambición de riqueza de los conquistadores fue el motor de un flujo de expediciones arriesgadas con el fin de intentar alcanzar y conquistar la tierra del Paititi, de la cual se decía que era adyacente a la de los Moxos (en otras ocasiones, se describía a Paititi y a Moxos como la misma tierra).
Las primeras expediciones fueron conducidas por Pedro de Candía y Pedro Anzures, en 1538 y 1540. Los dos aventureros lograron solamente atravesar la cordillera, pero no pudieron adentrarse en la selva baja amazónica porque sufrieron muchas pérdidas a causa de enfermedades fulminantes y ataques de nativos.
La tercera expedición fue liderada por Pedro Álvarez Maldonado en 1569, quien, habiéndole sido concedida formalmente la Gobernación del Paititi, un territorio increíblemente gigantesco que en teoría llegaba hasta la línea de Tordesillas, más allá de la cual estaban las tierras de propiedad de la Corona de Portugal, logró llegar a la desembocadura del Río Heat en el Río Madre de Dios, en el territorio ancestral de los Toromonas, pero obtuvo muchísimas pérdidas debido a ataques de feroces indígenas y también a fuertes conflictos con otro grupo de aventureros españoles dirigidos por el capitán Tardoya. Se vio, entonces, obligado a regresar al Perú y abandonó la idea de conquistar y colonizar la selva baja amazónica.
La hipotética Gobernación del Paititi, territorio inconmensurable de millones de kilómetros cuadrados, permaneció sólo en el mapa, y la conquista real de la tierra de los Moxos y del Paititi, a la cual hasta entonces ni siquiera se habían aproximado, fue postergada a fecha incierta.
Diez años antes (1558), otro aventurero español, Nuflo de Chaves, intentó conquistar a los Moxos y al Paititi desde el sur, remontando el Río Paraguay, pero también él se vio constreñido a retirarse después de una ardua derrota en el campo de batalla, a unos 70 kilómetros del Río Guaporé. En los años sucesivos, Nuflo de Cahvez se ocupó en la fundación de Santa Cruz (1561) y en los conflictos internos con otros capitanes españoles, razón por la cual no intentó de nuevo la conquista de los Moxos o del Paititi.
Entretanto, no obstante, los virus y bacterias de los cuales los españoles y sus animales (bovinos, cerdos, equinos) eran inconscientemente portadores, empezaron a esparcirse en la inmensa área donde los Moxos habían vivido desde tiempos ancestrales.
No sabemos nada del período comprendido entre 1570 y 1650, ochenta años de “vacío” durante los cuales ningún europeo se acercó ni siquiera lejanamente a este enorme territorio, de una extensión aproximada de 600.000 kilómetros cuadrados, donde se había desarrollado la asombrosa civilización hidráulica de los Moxos.
En 1650, el portugués Antonio Raposo Tabares navegó a lo largo del Río Guaporé hasta el Río Madeira y luego hasta el Río Amazonas, pero no encontró ninguna etnia que le obstaculizara el paso. Mientras tanto, los españoles habían construido pequeñas misiones en la selva baja amazónica, empezando por Trinidad (1686) y San Ignacio de Moxos (1686), pero tampoco ellos hallaron etnias amenazantes y violentas que les dificultaran el camino, probablemente porque durante los ochenta años durante los cuales no hubo ningún contacto, varias epidemias de viruela diezmaron la población. Es como si los europeos hubieran mandado a los virus en reconocimiento, para luego entrar con la colonización propiamente dicha a partir de 1660-1680.
La población que estaba presente en la zona continuaba siendo muy numerosa y estaba constituida por etnias Sirionó, Chacobó, Maropa, Cavina, Tsimane, Guarayo, Tapacura y Pauserna, pero no estaba ya unida en una única y potente confederación como hasta 1560; por el contrario, estaba dividida, débil y era fácilmente controlable.
La colonización y evangelización de los europeos continuó también en el siglo siguiente con la creación de la misión española de Santa Rosa de Mojo en el margen oriental del Río Guaporé (1743) y de otras menores como San Miguel y San Simone. Luego, la orilla derecha del Río Guaporé fue ocupada definitivamente por colonizadores portugueses.
Con el tiempo, las etnias que hacían parte de la antigua confederación de los Moxos perdieron gradualmente sus costumbres y su lengua.
Para intentar comprender la complejidad y la importancia de esta gran cultura, podemos hoy servirnos no solamente de estudios arqueológicos en el territorio, los cuales permitieron sacar a la luz grandes cantidades de hallazgos de cerámica y de instrumentos líticos, sino también de la observación aérea que permite reconocer grandiosos canales, terraplenes, colinas artificiales y muchos lagos modificados por el hombre y orientados en el eje suroeste/noreste.
En mi reciente exploración aérea, junto al piloto investigador Jorge Velarde, de la zona situada al noreste de la ciudad de Trinidad y contigua al Río Guaporé, además de la del Parque Nacional Noel Kempff Mercado, pude darme cuenta desde lo alto de la suma complejidad de la organización territorial de los Moxos.
Aparte de una considerable cantidad de canales, terraplenes y colinas artificiales, pude notar que la mayoría de los lagos fue modificada por el hombre en tiempos remotos. Se le dio una forma rectangular (en varios casos de más o menos 2 x 4 kilómetros), y fue orientada sobre el eje suroeste/noreste, como se puede deducir fácilmente tanto de la fotografía principal como de las otras.
¿Por qué se modificaron cientos de lagos orientándolos en el eje noreste/suroeste? Una posibilidad es que hayan sido transformados por una razón ritual-simbólica quizá relacionada con la observación de astros. En el hemisferio sur, mirando hacia el noreste, se pueden observar varias estrellas: Deneb Algedi, Dabih y Capricorni, en la constelación de Capricornio; Vega (constelación del Cisne), Arturo (Boötes), las Pléyades (Tauro) y Capella (Auriga).
¿Es posible que la etnia de los Moxos tuviera un culto por una de estas estrellas? Es un misterio al cual, por ahora, no es posible dar respuestas definitivas. Sólo con ulteriores búsquedas en el campo y excavaciones arqueológicas se podrá intentar revelar este enigma, además de otros interesantes interrogantes sobre la vida cotidiana y sobre las creencias religiosas de este pueblo poco conocido, pero muy importante en el ámbito de las grandes civilizaciones del pasado.

YURI LEVERATTO
Copyright 2011

Se puede reproducir este artículo indicando claramente no sólo el nombre del autor, sino también la fuente www.yurileveratto.com

Se agredece a los hermanos Velarde de Trinidad por informaciones importantes sobre la civilizaciòn Moxos 

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