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Martina Calogero: ¿Qué narra el mito del Paititi andino?
Yuri Leveratto: El Paititi se puede definir como un “conjunto de leyendas”, pero el origen del mito proviene de los escritos de algunos cronistas españoles de los siglos XVI y XVII, particularmente de Vaca de Castro, Sarmiento de Gamboa, Juan Álvarez Maldonado y Juan de Lizarazu. Ellos cuentan de un reino riquísimo y poderoso, situado en la selva baja amazónica, cerca del Río Paititi, que quizás correspondía al Río Guaporé.
Según la leyenda, algunos Incas habían entablado amistad con este reino amazónico cuya etnia dominante era la de los Moxos. El mito relata que cuando el inca Guaynaapoc regresó a Cusco en 1537, al encontrarlo ya ocupado por los españoles, decidió regresar al Paititi llevándose consigo a muchísimos Incas y a los símbolos sagrados del imperio: el gran disco solar de oro, que representa al Señor Supremo Viracocha; la cadena de oro de Huáscar, un objeto simbólico de la serpiente bicéfala, de aproximadamente una tonelada de peso, y una estatua antropomorfa de oro que también ilustra a Viracocha.
Con el transcurrir del tiempo, muchos aventureros (Pedro de Candía y Juan Álvarez Maldonado fueron los primeros) buscaron el Paititi, pero ninguno logró hallarlo, tanto por las dificultades intrínsecas de la baja selva amazónica, como por las enfermedades fulminantes, y también por los ataques de feroces indígenas.
El hecho de que los Incas fugitivos pasaran por los valles andinos situados al oriente del Cusco para llegar a la selva baja dio origen al mito del “Paititi andino”, o bien, la leyenda (la cual, sin embargo, tiene un trasfondo de verdad), de que se establecieron no en la selva baja amazónica, sino justamente en algún lugar secreto, ubicado en uno de los numerosos e impenetrables valles al este del Cusco, en los territorios que hoy corresponden al Parque Nacional del Manu o a las zonas adyacentes (como el Santuario Nacional del Megantoni).
La leyenda del “Paititi andino” tuvo un ulterior impulso cuando el antropólogo Vasco Núñez del Prado, en 1955, recopiló algunos cuentos de la comunidad de indígenas descendientes directos de los Incas, situados en Queros, los cuales le narraron el mito de Inkarri, el semidiós andino que fundó Queros y luego se adentró en el oasis del Paititi, recorriendo un antiquísimo camino de piedra.
Martina Calogero:¿Cuáles eran los objetivos de la expedición a la cordillera de Paucartambo en la que participó junto al equipo liderado por el estadounidense Gregory Deyermenjian?
Yuri Leveratto:Gregory Deyermenjian, en algunas de sus expediciones anteriores, ya había recorrido parcialmente el “camino de piedra andino”, situado en la cordillera de Paucartambo, con la intención de transitarlo hasta el fondo para ver qué había más allá de él.
Las enormes dificultades características de aquellas exploraciones, como las grandes distancias, la áspera orografía del terreno, la cercanía con indígenas no contactados, a veces hostiles y peligrosos, y la imposibilidad de llegar allí en helicóptero (dada la presencia constante de densa niebla) han hecho hasta el día de hoy imposible explorar la parte del camino incaico situada a continuación del “lago de Ángel”, un espejo de agua ubicado a 3950 msnm, en el Santuario Nacional del Megantoni.
El objetivo de la expedición a la cordillera de Paucartambo era el de recorrer algunos tramos del “camino incaico” situados en la frontera entre la región de Cusco y la del Madre de Dios, para reconocer cuál era la ruta más adecuada para poder llegar, en una segunda ocasión, hasta el lago de Ángel, y explorar la zona de selva alta situada más allá de él.
Martina Calogero:¿Quisiera ilustrarnos las etapas fundamentales que caracterizaron la misión?
Yuri Leveratto: En cuanto llegamos al valle del Río Yavero, iniciamos una difícil caminata adentrándonos en el valle del Río Chunchusmayo (uno de sus afluentes). Seguíamos una ramificación del “camino incaico” en dirección del famoso “altiplano de Pantiacolla”, lugar mítico donde se cuenta que Inkarri fundó su Paititi.
Teníamos varios datos fragmentarios sobre la posibilidad de encontrar algunas ruinas en la selva alta, un particular tipo de bioma suramericano, prácticamente, una densa selva que se extiende hasta los 3500 metros de altura sobre el nivel del mar.
Ya en el lugar llamado Llactapata (ciudad alta, en quechua), situado a 1900 metros de altura sobre el nivel del mar, pudimos documentar un interesante “tambo”, o bien, una construcción rectangular con ocho cavidades, utilizadas, en mi opinión, por motivos ceremoniales.
Decidimos continuar en dirección de una gran montaña llamada “Cerro Miraflores”.
A la altura de aproximadamente 2500 msnm encontramos otro “tambo” ubicado en plena selva alta. Fue de allí que al día siguiente comenzamos la verdadera exploración, pero las dificultades de la selva nos impidieron alcanzar el objetivo. Era muy difícil avanzar a golpes de machete en la selva casi impenetrable del Cerro Miraflores, y sólo con la ayuda de nuestros dos guías expertos peruanos pudimos hacernos una idea de la posible ubicación de las ruinas.
Sólo al día siguiente encontramos las primeras casas escondidas en la selva y, luego, la explanada principal con un gran muro de cuatro cavidades ceremoniales (en mi opinión, antiguamente eran ocho, pero el muro se derrumbó en parte). Luego, poco a poco la ciudadela nos reveló todos sus secretos: otras casas, tumbas, cavidades ceremoniales y muros de contención usados para la agricultura.
Martina Calogero: ¿Quisiera hablarnos de las singularidades de los lugares de descanso o “tambos” descubiertos?
Yuri Leveratto: Los “tambos” son lugares de reposo que los Incas utilizaban para protegerse de las intemperies, para descansar, pero también para intercambiar productos con los pueblos de la selva baja amazónica. En práctica, se trata de sencillas construcciones rectangulares en piedra construidas, a veces, en épocas pre-incaicas.
Martina Calogero: ¿Y aquellas de la ciudadela pre-inca de Miraflores?
Yuri Leveratto: La ciudadela pre-inca de Miraflores fue sin duda un lugar importante en la antigüedad. Según nuestra documentación y los estudios que llevamos a cabo (sin excavaciones), llegamos a la conclusión de que fue un centro agrícola construido en época pre-inca (esto lo dedujimos al observar que los ángulos de los muros están redondeados y no son perpendiculares como en las clásicas construcciones incas), de aproximadamente dos hectáreas de extensión.
Sin embargo, el hecho de que haya muchas casas, algunas tumbas (al menos dos) y una explanada ceremonial con varias cavidades en el muro principal hace pensar que el sitio de Miraflores no tuvo sólo una función agrícola, sino también ritual y, por tanto, religiosa. No debemos olvidar que, en la concepción andina, el ciclo de las estaciones, relacionado con la producción agrícola, era considerado sagrado y, por consiguiente, tenía un valor simbólico y ceremonial.
Naturalmente, hubo varias interpretaciones en nuestro grupo sobre la función de la ciudadela pre-inca de Miraflores: ¿a quién estaban destinados los productos agrícolas (maíz, fríjoles, papas, etc.) allí producidos? Hay dos teorías al respecto. La primera es que fueron destinados a los soldados que hacían la guardia en la divisoria entre los ríos que se dirigen hacia el Río Urubamba y aquellos que se fluyen hacia el Madre de Dios, a saber, la frontera del imperio incaico.
La segunda teoría propone que en Miraflores se producían los alimentos destinados justamente a los Incas del Paititi, situado quizá después de la divisoria, más allá del lago de Ángel.
Martina Calogero: ¿Qué resultados pueden ser entonces atribuidos a esta expedición?
Yuri Leveratto: En Perú hay todavía muchísimos sitios arqueológicos desconocidos, sobre todo en la llamada “selva alta”. Lamentablemente, se hace poquísimo por explorar algunos valles remotos, y todavía menos para valorizar algunos sitios ya descubiertos que, si se estudian debidamente, podrían revelarnos mucho más sobre la Historia y las costumbres de los antiguos pueblos andinos.
Los resultados de esta exploración, guiada por Gregory Deyermenjian, en la que tuve el honor de participar, son importantes: primero que todo, el descubrimiento de una nueva ciudadela cuya existencia se desconocía, el cual podrá incentivar, en un futuro, estudios arqueológicos in situ, con el fin de aclarar quiénes fueron los constructores de Miraflores. Además, la existencia de un sitio arqueológico de tal valor, justamente en la dirección del lago de Ángel, es una prueba más de la enorme importancia de la zona en cuestión para la futura ubicación del Paititi.
Nosotros, los del grupo de Deyermenjian, continuaremos nuestras investigaciones con el propósito final de poder recorrer hasta lo último el “camino de piedra” y poder descubrir qué hay más allá de él.
Copyright: Martina Calogero (www.archeorivista.it) & Yuri Leveratto (www.yurileveratto.com)
Fotos: Copyright Yuri Leveratto & Gregory Deyermenjian
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