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El Cerro Rico de Potosí
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El Cerro Rico de Potosí

La zona donde hoy surge la ciudad de Potosí fue ocupada en épocas remotas por indígenas Atacamas y Chipayas.
En el siglo XV, el territorio fue conquistado por Huayna Capac e incorporado al imperio de los Incas. Huayna Capac tuvo que enfrentarse rápidamente con grupos tribales de Guaraníes que venían atacando desde el sur. Estos últimos fueron derrotados y expulsados definitivamente de la región.
La leyenda narra que Huayna Capac se acercó a la montaña de Potosí denominada Cerro Rico, llamada en idioma aymara Sumac Orcko (montaña hermosa).
Huayna Capac decidió aprovecharse de los minerales pero una voz poderosa surgió de las nubes: No saqueen la plata de esta montaña porque está destinada a otros señores. Algunos dicen que esta leyenda la difundieron los españoles para justificar como propiedad suya a Cerro Rico (enorme cono cuya cima se encuentra a 5183 metros sobre el nivel del mar). Muchos años después, en 1545, un indígena llamado Diego Hualpa descubrió algunas fuentes de plata en Cerro Rico. El español Juan de Villaroel, dándose cuenta de la inmanente cantidad de mineral presente en la montaña, se posesionó de ésta oficialmente, el primero de abril de 1545. El pueblo que fue construido a los pies de la montaña fue llamado Potosí, a causa de una antigua palabra quechua que probablemente significaba “truena, explota”. Sólo dieciséis años más tarde el pueblo obtuvo el título de ciudad con el nombre de Villa Imperial de Potosí.
Las minas de plata atrajeron a miles de personas a Potosí, la cual creció desmesuradamente convirtiéndose en la más grande ciudad de América y en la más poblada del imperio español (contaba con 160.000 personas en 1625). En los comienzos del siglo XVII, en Potosí ya habían sido construidas 36 iglesias ricamente adornadas con altares de plata. Había casas de juego y varias salas de baile donde los clientes lucían ostentosos vestidos de seda que se importaban de Europa. Se abrieron varias casas de citas donde los señores de la plata se entretenían con célebres prostitutas bebiendo champagne francesa y consumiendo caviar de Volga. Hasta los estribos de los caballos eran de plata. En 1658, además, para la celebración del Corpus Christi, algunas calles de la ciudad se pavimentaron con barras de plata. La fama de Potosí se difundió por todo el mundo. El mismo Carlos V escribió estos versos en forma de agradecimiento a Cerro Rico:

Soy el rico Potosí, el tesoro del mundo, el rey de las montañas, la envidia de los reyes.

El gran escritor español Miguel de Cervantes Saavedra, en su famosa obra El ingenioso Don Quijote de la Mancha (1605), mencionó a Cerro Rico volviendo popular la frase vale un Potosí, como sinónimo de riqueza, opulencia, magnificencia.
Lamentablemente fueron los indígenas de etnia Incas y Colla (respectivamente de lengua quechua y aymara) los que pagaron el precio de esta riqueza. Los españoles reintrodujeron el sistema llamado mita, ya en uso entre los Incas, según el cual a los mitayos se les obligaba a trabajar, sin retribución. Si bien desde el punto de vista legal la corona española no reconocía el estado de esclavitud de los indígenas, sino sólo el de los negros africanos, en práctica los indígenas estaban sometidos y obligados a trabajar hasta veinte horas al día en las minas, en condiciones terribles. En 1572 llegó a Potosí el virrey de Perú Francisco de Toledo. Se dedicó a algunas obras urbanísticas, entre las cuales la construcción de la primera Casa de la Moneda, donde se comenzó a acuñar monedas de plata, llamadas macuquinas o reales, que fueron rápidamente utilizadas en todos los territorios sujetos a la autoridad de la corona española. La Casa de la Moneda comenzó así a funcionar como banco central del imperio español. Bajo las órdenes del virrey, 16 provincias indígenas de todo el Perú estuvieron obligadas a enviar mano de obra de los 16 a los 50 años de edad. Cada año, aproximadamente 15.000 indígenas estaban obligados a viajar a Potosí para trabajar en la minera.
Se quedaban una semana en el interior de la mina sin salir y después eran reemplazados por otros, luego de un período de descanso volvían a entrar. El Cerro Rico era como la boca del infierno. Quien entraba allí raramente lograba sobrevivir más de cuatro años.
Se estima que del 1545 al 1820 aproximadamente cuatro millones de indígenas murieron en el Cerro Rico que fue llamado también Cerro de sangre. También los negros africanos se vieron obligados a trabajar en la mina de plata, pero cuando se comprobó que tenían dificultades para respirar, y que su altura no era la adecuada para pasar por los angostos caminos de la mina, se prefirió contratarlos para trabajos agrícolas.
En la mina se utilizaba mercurio, que servía como pegante para el mineral que iba a extraerse. Respirarlo causaba la pérdida de los dientes y de los cabellos. Quien sobrevivía, pedía limosna en las afueras de la ciudad, para después morir solo y abandonado de hambre, frío y enfermedades.
Después del trabajo forzado de miles de indígenas, de Potosí fueron oficialmente extraídas, del 1545 al 1820, unas 31.000 toneladas de plata (11.5 billones de euros de precio actual), además de otras miles de toneladas de zinc, plomo, estaño y otros minerales raros. Estos datos no incluyen el contrabando. Ninguna otra mina sola ha producido tanta plata en el mundo. La mayoría de la plata extraída de la montaña fue enviada primero sobre la espalda de llamas hasta el puerto de Arica (actualmente perteneciente a Chile) y luego en galeones, hasta Panamá y por tanto, hasta España. La plata que se quedó en Potosí sirvió a los señores de la plata para construir grandiosas iglesias barrocas, escuelas, academias.
En los siglos XVIII y XIX Potosí entró en una fase de lenta decadencia. Luego de la explotación de otras minas, la población declinó y muchas minas fueron abandonadas.
Justo en los últimos años, sin embargo, el precio internacional de los metales creció nuevamente. Una de las causas es la enorme demanda de países como China e India. El Cerro Rico volvió a ser el centro minero de Bolivia y muchas minas se abrieron nuevamente. Actualmente la explotación de la montaña está en manos de algunas cooperativas bolivianas y de varias empresas privadas extranjeras. En los últimos veinte años la población de la ciudad pasó de 139.000 a 200.000 habitantes y la mina atrajo a trabajadores de Chile, Argentina, y Perú. El número de los mineros creció hasta 16.000 personas y se están construyendo nuevas unidades residenciales. En la región de Potosí se volvieron a abrir aproximadamente 50 minas que habían sido abandonadas.
Parece, sin embargo, que nada hubiera cambiado desde 1970, cuando Eduardo Galeano escribió Las venas abiertas de América Latina, ensayo en el cual puso en evidencia la incapacidad de muchos países latinoamericanos de crear valor añadido, limitándose a explotar o a dar la concesión a empresas extranjeras de los enormes recursos naturales del continente.
Sólo últimamente parece cambiar una cosa: se busca crear un parque industrial y una escuela artesanal para formar expertos plateros. Con la realización de una marca, los productos de plata de Potosí podrían en un futuro próximo dar un respiro a una economía muy poco balanceada hacia la explotación minera, de la cual se benefician sólo pocas personas.

YURI LEVERATTO
2008 Copyright

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Bibliografia: Eduardo Galeano, Las venas abiertas de America Latina

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