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Los enigmáticos dibujos (1618), de Blas Valera, abren nuevos horizontes sobre la verdadera ubicación del Paititi
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Los enigmáticos dibujos (1618), de Blas Valera, abren nuevos horizontes sobre la verdadera ubicación del Paititi

Según la historiografía tradicional, Blas Valera nació en Chachapoyas, Perú, en 1546 y murió en Málaga, España, en 1596. Era hijo de un español, Luis Valera, y de una indígena, y demostró desde temprana edad una fuerte predilección por la Historia.
A la edad de 22 años entró a hacer parte de la Compañía de Jesús. Después de cinco años de estudios teológicos fue ordenado sacerdote en la diócesis de Lima, en 1573.
Inicialmente lo mandaron a Huarochirí, en Quito, donde la Compañía de Jesús tenía la misión de erradicar las idolatrías, o bien, las creencias paganas.
Blas Valera dio prueba de firmeza y su conocimiento del quechua fue fundamental. Después de estos excelentes resultados fue enviado a Cusco, a Potosí y, finalmente, a Juli, en el lago Titicaca, donde continuó la labor de evangelización.
En 1582 sucedió algo muy particular que le cambió la vida: fue acusado de haber tenido relaciones sexuales con una mujer y, por esta razón, mientras esperaba el juicio de la iglesia de Roma, lo alejaron del lugar de evangelización, enviándolo a Lima, donde se dedicó a la instrucción.
En 1587 llegó de Roma la noticia de que Blas Valera debía abandonar la orden de la Compañía de Jesús y, en caso de oponerse a esta decisión, debía ser encerrado por un período de 10 años durante los cuales tenía que dedicarse a humildes oficios, además de a la continua recitación de los salmos.
En 1591 decidieron mandarlo a España, pero el viaje fue aplazado varias veces, ya que el jesuita permaneció en Quito y en Cartagena de Indias. Sólo en 1595 Blas Valera llegó a Cádiz, donde, no obstante, fue encarcelado, negándole la posibilidad de enseñar.
¿Por qué fue sometido a un castigo tan drástico?
Según algunos historiadores, es posible que las verdaderas culpas del jesuita mestizo hayan sido otras: no sólo las de hacer saber al mundo, a través de sus escritos, cómo Francisco Pizarro había en realidad conquistado el Perú, por medio del engaño, sino también, probablemente, haber divulgado cómo el virrey administraba el reino, con indecibles penas para los nativos, que estaban sometidos contra su voluntad a varias injusticias, como por ejemplo la encomienda y la mita.
Según algunos documentos jesuitas, Blas Valera fue herido durante el saqueo de Cádiz y murió luego en Málaga, a la edad de 51 años, en 1596.
Asimismo, la historiografía oficial afirma que Blas Valera fue autor de dos obras principales: una Historia Occidentalis, a la cual recurrió el Inca Garcilaso de la Vega para la escritura de sus Comentarios Reales (1609) y la Relación de las costumbres antiguas de los naturales del Pirú.
Mientras que la primera obra se perdió, la segunda se conservó en la Biblioteca Nacional de Madrid y, aunque es oficialmente anónima, la mayoría de los historiadores atribuye la autoría justamente a Blas Valera.
Empero, en los últimos años se hallaron, en la habitación de la señora Clara Miccinelli de Nápoles, Italia, dos manuscritos muy interesantes, cuya autoría, al menos de uno de ellos, se confiere a Blas Valera.
De la lectura del primer manuscrito, cuyo título es Exul Immeritus Blas Valera Populo Suo (firmado por Blas Valera el 10 de mayo de 1618 en Alcalá de Henares, España), se deduce, primero que todo, que el padre general de la Orden de los Jesuitas, Claudio Acquaviva, no veía con buenos ojos a Blas Valera quizá a causa de sus ideas “revolucionarias”. Además, en el libro se narra que apenas llegó a España le hurtaron su Historia Occidentalis, de la cual Garcilaso de la Vega se sirvió luego indebidamente, deformando las ideas allí contenidas y mostrando en sus Comentarios Reales un mundo en donde todo marchaba bien, puesto que no destacó las culpas de los conquistadores y encomenderos como, en cambio, sí lo hizo Blas Valera en su Historia Occidentalis.
Por otro lado, de la lectura de Exul Immeritus Blas Valera Populo Suo se arguye que Blas Valera, aprovechando sus buenas relaciones con MuzioVitelleschi, el sucesor de Claudia Acquaviva, regresó al Perú, donde permaneció hasta 1618, cuando, luego de haber vuelto a España, redactó precisamente Exul Immeritus Blas Valera Populo Suo.
En la obra, además, Blas Valera se atribuye también la autoría del célebre manuscrito Nueva Crónica y Buen Gobierno, el cual salió a la luz en Dinamarca en 1908, adjudicándosele al indígena Guamán Poma de Ayala, dado que Blas Valera estaba oficialmente muerto.
Uno de los puntos más relevantes de Exul Immeritus Blas Valera Populo Suo es la descripción de cómo Francisco Pizarro logró vencer a los soldados de Atahualpa, a los cuales se les hizo beber vino envenenado para darles muerte. El licor fue emponzoñado por Johannes Yepes, un dominicano sujeto a la autoridad de los conquistadores. Esta infame historia que, de ser comprobada, sería un ulterior indicio del innoble y malvado comportamiento de Francisco Pizarro, supuestamente se la comunicó Francisco Chávez al rey de España Carlos V, pero fue mantenida en secreto para no desacreditar el nombre de los españoles en el mundo.
El segundo manuscrito que fue hallado en la casa de la señora Clara Miccinelli es la Historia et rudimenta linguae piruanorum y, aunque los autores parecen ser los jesuitas Joan Antanio Cumis y Joan Anello Oliva, en resumen, en el libro se confirman las tesis que se exponen en Exul Immeritus Blas Valera Populo Suo y se formulan las claves para descifrar y comprender los quipus.
Según los dos jesuitas, el verdadero motivo de la partida del Perú y del forzado aislamiento de Blas Valera fueron sus ideas religiosas, ya que consideraba que la fe tradicional incaica tenía lejanos orígenes en el cristianismo y, por tanto, no reconocía como idolatrías a los cultos andinos.
De ahí que fuera acusado de ser herético y fuera enviado lejos del Perú, tal vez porque se pensó que podía ser capaz de desencadenar revueltas, avivar el fuego de la revolución o, peor todavía, alimentar el mito del Paititi, que era visto como un lugar legendario donde se habían escondido los descendientes de los Incas, donde se preservaban las tradiciones antiguas y, por consiguiente, de donde podía desarrollarse el germen de la rebelión.
En efecto, los detalles más controversiales del libro Exul Immeritus Blas Valera Populo Suo son justamente dos dibujos (uno visto desde la sierra y otro desde la selva), atribuidos a Blas Valera, los cuales representan la ciudad perdida del Paititi por medio de símbolos, códigos secretos y misteriosas alegorías.
En ambos dibujos se ilustra la misma cordillera constituida por 5 cimas (en el dibujo “tropical”, el primero a la izquierda, la segunda y la quinta están a su vez conformadas respectivamente por 3 y 2 cumbres, también mirando desde la izquierda), pero mientras en el dibujo “tropical” se ve la cadena montañosa desde un punto de vista situado en la selva, en el dibujo “andino” las mismas montañas se observan desde otras montañas, o bien, desde un ambiente completamente distinto.
De hecho, en el dibujo “tropical” se perciben algunos animales típicos de la selva pluvial, como un simio, cuatro serpientes y un jaguar. También se advierte, en la tercera cima mirando desde la izquierda, la figura estilizada de un cóndor. De la cordillera fluye plácidamente un río, y arriba se aprecia la firma de Blas Valera.
De otra parte, en el dibujo “andino”, que es mucho más complejo y misterioso, estarían las claves para el reconocimiento del Paititi.
Primero que todo, a la izquierda y a la derecha de la cordillera vista de la parte andina hay, respectivamente, una yupana (ábaco) y símbolos andinos que, a partir de la interpretación de la doctora en Historia medieval y experta en paleografía antigua Laura Laurencich Minelli (Universidad de Boloña, Italia), significan PAYQUIQUIN, o bien, lo que es lo mismo. Numerosos historiadores e investigadores han debatido mucho sobre el significado de estas palabras. Suele pensarse que Blas Valera quería referirse al Cusco, o bien, a la capital del Tahuantinsuyo.
Puesto que Cusco estaba en manos de los invasores y no podía nunca más volver a ser lo que era antes, el rol central del Tahuantinsuyo lo asumía la ciudadela fortificada llamada justamente PAYQUIQUIN, palabra extrañamente parecida a PAITITI, el legendario reino amazónico situado en la selva baja amazónica, en el triángulo comprendido entre los ríos Mamoré, Beni y Yucuma (ver Vera Tyuleneva: La tierra del Paititi y el lago Rogaguado).
En el dibujo “andino” se ve una llama estilizada situada en la segunda cúspide. Tres discos parecen estar grabados en su cuerpo, mientras que otro, más grande y con rayos, está ilustrado en su boca. ¿Quizá quiso Blas Valera aludir al famoso disco solar de oro del Coricancha, el cual no fue encontrado jamás por los conquistadores?
En esa misma montaña (la segunda desde la izquierda), más abajo, está representada la ciudadela, precisamente el Paititi, a donde se llega recorriendo una escalinata extremadamente empinada, desde un río situado más abajo, que fluye a los pies de las cinco montañas. Hay también otra ciudadela, quizá una especie de fortaleza defensiva, localizada en un barranco de la quinta montaña, conectada también al río por medio de una escalinata.
Otra característica de este complejo dibujo son dos circunferencias (formadas ambas por 4 círculos concéntricos) ubicadas en los precipicios de la primera y de la cuarta montaña, las cuales están unidas por una especie de puente suspendido. Desde el círculo situado en la cuarta montaña se desprende una escalinata que desciende al río. Según la interpretación de Laura Laurencich Minelli, estos círculos podrían ser dos cavernas utilizadas como cementerios o cámaras funerarias donde se ponían los huesos de los difuntos cristianos e indígenas.
En el dibujo “andino”, de la otra parte del río, está representada una especie de jardín rodeado de muros: en su centro hay tres pepitas (¿de oro?), mientras que a ambos de sus lados hay dos TOCAPUS, o bien, dibujos simbólicos incaicos.
El de la izquierda representa el Tahuantinsuyo, mientras que el de la derecha, constituido por 9 cuadrados, simboliza la “tierra cuadrada del Tahuantinsuyo”.
Se advierte, sin embargo, que sólo un cuadrado está coloreado de verde y, según la interpretación de Laura Laurencich Minelli, se refiere al Antisuyo, a saber, a la parte amazónica del Tahuantinsuyo, y su coloración significa que la selva era la única que no estaba todavía en manos de los invasores, sino que estaba “libre”.
A los lados del jardín circundado de muros, que podría ser justamente el centro del Paititi, hay un ídolo antropomorfo andino y un guerrero amazónico que podría simbolizar a un indígena cuyo fin es el de defender la ciudadela. En mi interpretación personal, es posible que se tratara de un Matsiguenka o de un Toromona.
Estos dos dibujos son actualmente las únicas ilustraciones originales del Paititi que existen hoy en dia.
¿Quería realmente Blas Valera con estos dibujos indicar a los nativos cómo arribar al Paititi o tan sólo se limitó a imaginar una ciudadela utópica donde se pudiera en un futuro volver a fundar el orden ya constituido, la cual sirviera, además, a los indígenas, para no perder nunca la esperanza de poder algún día rebelarse al invasor, soñando con la posibilidad de refugiarse en ella, lugar donde las tradiciones y las antiguas reglas se preservarían para siempre?
En mi opinión, Blas Valera tenía realmente un espíritu revolucionario y, en el libro Exul Immeritus Blas Valera Populo Suo están las verdaderas claves para llegar al Paititi, a donde probablemente él viajó, pudiendo así darse cuenta de cómo las tradiciones antiguas se mantenían, en un mundo cerrado y esotérico, reservado, por tanto, sólo a pocos.
A partir de 1960, muchos exploradores y aventureros buscaron el Paititi en las selvas del Perú y de Bolivia, pero hasta hoy ninguno ha alcanzado la ambicionada meta. El primero y el más activo de todos fue el médico arequipeño Carlos Neuenschwander Landa, seguido de su discípulo estadounidense Gregory Deyermenjian. Ha habido otros, como por ejemplo los cónyuges Cartagena y el religioso Juan Carlos Polentini Wester.
Sin embargo, hay que recordar que el área en cuestión donde podría estar situado el Paititi, con una extensión de aproximadamente 400.000 kilómetros cuadrados de selva virgen, va del Río Manu (afluente del Río Madre de Dios), en Perú, hasta la Cordillera Oriental de Bolivia (me refiero a la mítica ciudadela descrita como “ciudad de plata” por Francisco Rodríguez Peinado, Sancho de Abarca e Hidalgo de Paredes en el manuscrito sin titulo En la ciudad de la Plata, 1644, Archivo general de las Indias, Lima 166, Sevilla). Por tanto, podríamos estar sólo al inicio de una larga serie de viajes de exploración que desembocarán un día en el descubrimiento del oasis de Blas Valera.
Observando con atención los dos interesantes dibujos se deduce, en mi opinión, que la ciudadela tendría que estar ubicada en la parte que mira al occidente de una cordillera que delimita el fin de la llamada “selva alta”.
Más allá de esta cordillera, por consiguiente, se encontraría la selva baja amazónica, el ecosistema de selva pluvial tropical. De esto se infiere también que, si el Paititi, como ciudadela fortificada, fue construido en épocas remotas (una de las versiones del mito afirma que fue edificada por Inkarri), pudo haber sido aquel enclave entre sierra y selva donde se intercambiaban productos y donde se controlaba militarmente el acceso de pueblos de los Andes que podían representar un peligro para los pueblos amazónicos.

YURI LEVERATTO
Copyright 2010

Se puede reproducir este artículo indicando claramente el nombre del autor y la fuente www.yurileveratto.com

Se prohíbe la reproducción de la foto principal y de las fotos N.1 y N.4 arriba a la derecha (los dos dibujos originales de Blas Valera), ya que pertenecen a la Colección privada de Clara Miccinelli, Nápoles, Italia.

E’ proibita la riproduzione della foto principale e delle foto N.1 e N.4 in alto a destra (i due disegni originali di Blas Valera), in quanto appartengono alla collezione privata di Clara Miccinelli, Napoli (Italia).

It is forbidden to copy the original paintings of Blas Valera. The owner of the paintings is Clara Miccinelli, Naples, (Italy).

Se agradece a Clara Miccinelli y a Laura Laurencich Minelli por la autorización de publicar los dibujos originales de Blas Valera.

Quien quisiese profundizar en el tema, puede contactar a la casa editorial CLUEB (www.clueb.com / e-mail: gal@clueb.com), donde se pueden encontrar los libros Exul Immeritus Blas Valera Populo Suo e Historia et rudimenta liguae piruanorum.

Otras fotos (sin Copyright):

Mapa de la Governacion de Juan Alvarez Maldonado, XVII secolo
Compañía de Jesus, Brancano e De la Torre, 1751
Claes, particular del Perú, 1592
Mision de Mojos de la Compañia de Jesus, XVIII secolo 

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