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La civilización de los Zenúes
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La civilización de los Zenúes

En las llanuras de la costa caribeña colombiana, en el actual departamento de Córdoba, vivía, a la llegada de los “conquistadores”, el pueblo de los Zenúes. Los últimos descubrimientos arqueológicos confirmaron que la zona fue habitada desde el primer milenio antes de Cristo. En Puerto Hormiga y en Malambo fueron encontrados numerosos fragmentos de cerámica y herramientas usadas para trabajar con el barro cocido. Fueron sometidos a la prueba del carbono 14 y se confirmó que datan del año 3000 antes de Cristo. En los primeros siglos después de Cristo comenzó el pasaje de una sociedad igualitaria a pequeños dominios independientes entre sí, gobernados por un cacique. En base a atentos estudios lingüísticos, pudo establecerse que los Zenúes tuvieron origen amazónico. En efecto, hablaban una lengua del grupo Caribe, hablada en Amazonia y en el territorio Caribe.
Cuando el castellano Pedro de Heredia, hizo sus primeras excursiones en este territorio, el pueblo de los Zenúes se dividía en tres reinos: Pancenú, Fincenú y Cenofana. La base de la economía Zenú era la agricultura. Habían construido canales que utilizaban para irrigar enormes áreas cultivables. El pueblo Zenú se distinguió también por la artesanía y por el arte de tejer. Producían vasos de cerámica decorados con figuras antropomorfas y tejidos de algodón que eran intercambiados con los pueblos vecinos. Había tres centros principales: Mexion, Yapel y Fincenú. Este último era el lugar religioso más importante y era utilizado para la sepultura de los Caciques. Sobre las fosas se sembraban árboles, en donde se dejaban tintinear al viento discos y campanas de oro. Los Zenúes tenían una relación particular con el oro y con las piedras preciosas. Antes que nada, no le daban un valor intrínseco sino, más bien, espiritual, conectado con la Divinidad principal, el Sol. Las joyas de oro, magníficamente elaboradas, se dejaban junto a armas y tejidos en las tumbas, para acompañar al difunto en su último viaje. En estos tiempos se encontraron estatuas de madera cubiertas de oro macizo, que lamentablemente, fueron fundidas y enviadas a España.
El principal responsable del genocidio del pueblo Zenú fue el terrible “conquistador” Pedro de Heredia, el fundador de Cartagena de Indias. Se vio obligado a abandonar España aproximadamente a sus veinte años porque estaba siendo buscado por la justicia. En efecto, había asesinado a tres hombres que lo habían atracado días antes.Llegó a Santo Domingo y entonces se dirigió a Santa Marta, ciudad recientemente fundada por el sevillano Rodrigo de Bastidas. Entró en contacto con los indígenas Tayrona, quienes vivían cerca de la costa y sobre las pendientes de la Sierra Nevada, el enorme macizo montañoso de las cercanías. Intercambiaba objetos de poco valor, como espejos, peines y cubiertos por monedas de oro, que para los nativos tenían tan sólo un valor ornamental. Rápidamente se dio cuenta de que con algún esfuerzo de más podría apropiarse de inmensas fortunas. Estuvo involucrado en riñas con los nativos, en las cuales comenzó a delinearse su carácter despiadado y cruel. Puesto que algunos mercaderes españoles le describieron el territorio del sur occidente, recorrido por el río Sinú, narrándole que estaba habitado por un pueblo inocuo y riquísimo en oro, empezó a delinear su plan. Volvió a España y pidió encontrarse con el rey Carlos V, para pedir ser reconocido como gobernador de aquella zona y poder fundar una ciudad. Dio a la Corona un quinto del oro y de las piedras preciosas que saqueó de los Tayronas. La madre del emperador Juana La Loca, le concedió el título de gobernador de la costa caribeña, desde Río Magdalena hasta el golfo de Urabá, y laposibilidad de fundar una ciudad. Heredia llegó a la bahía de Calamar en el 1533, la ensenada que fue descubierta por Juan de La Cosa unos treinta años antes.
Fue ayudado por la “India Catalina”, una nativa de Zamba, que le sirvió de intérprete y de consejera. Inicialmente se enfrentó con los indígenas Calamar, y salió victorioso. En junio de 1533 fundó la aldea de Cartagena, que obtuvo rápidamente más importancia que la de Santa Marta, a causa del puerto natural protegido.
Pero Heredia no se había olvidado de las palabras de los comerciantes castellanos que le habían hablado de las tierras del Sinú, y de su oro. Organizó una expedición y partió al frente de una centena de hombres bien armados y equipados. Cuando entró en las tierras de los Zenúes sembró el terror entre los autóctonos que no habían visto nunca las arcabuces, ni las espadas de hierro, y mucho menos los caballos. La escasa resistencia de los Zenúes fue aniquilada en pocos días y los españoles saquearon las tumbas de los ancestros, apropiándose de enormes cantidades de oro.
En esta primera empresa el castellano logró apoderarse de mucho oro, porque saqueaba las tumbas y los templos, situados en Fincenú. Sucesivamente hubo otras empresas en las cuales el gobernador continuó cometiendo otros crímenes contra los pueblos autóctonos, sometiéndolos a torturas para que le entregaran su oro, y para que le indicaran la ubicación de las minas. Además, fue uno de los primeros en empezar un sucio tráfico de indígenas, a quienes encarcelaba como esclavos y revendía con enorme provecho en Cartagena, transgrediendo las reglas de la Corona española.Cuando el obispo de Cartagena, Tomás del Toro, lo acusó de abusos contra las etnias autóctonas, la Corona envió a Juan de Badillo para confirmar los hechos. Heredia fue encarcelado pero rápidamente logró hacerse liberar, y viajó a España para hacerse absolver. El castellano logró su objetivo, probablemente porque vertió una grande cantidad de oro en los bolsillos de la Corona. Volvió a Cartagena con el título de “adelantado” y organizó de inmediato otra expedición a las tierras de los Zenúes, en donde cometió otros actos infames.
En el intento de que le dijeran en dónde estaban situadas las minas, torturó a los caciques, cortándoles los labios a los hombres y los senos a las mujeres, y masacró a la población indefensa. Viajó hasta el actual departamento colombiano de Antioquia, en la fuente del Sinú, con la esperanza de encontrar una enorme vena aurífera o una brillante ciudad de oro. Cuando se supo de esta expedición y de las fechorías cometidas, la Corona envió al administrador real Juan de Maldonado para verificar las acusaciones.
Pedro de Heredia fue acusado de unos doscientos ochentainueve crímenes, entre los cuales estaban el homicidio, los estragos, las torturas, el ocultamiento de oro, las faltas en el envío del “quinto real” a España.
Fue encarcelado y el proceso se extendió hasta 1555 cuando fue declarado culpable, privado del título de gobernador y condenado a muerte. Logró, sin embargo, a escapar, y se embarcó en un bergantín con la esperanza de regresar a España. Naufragó en frente a las costas de Andalucía, y murió ahogado. Una antigua leyenda Zenú contaba que cualquiera que hubiese saqueado las tumbas de los ancestros no habría tenido una existencia pacífica y serena. Así fue.

YURI LEVERATTO
2007 Copyright

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Para profundizar lee:  Los petroglifos de los Montes de Maria, herencia del pueblo de los Zenúes
 

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