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Indígenas Wayúu
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Indígenas Wayúu

En el departamento de La Guajira, que ocupa la homónima península en el extremo norte colombiano, viven desde tiempos inmemorables los indígenas de la etnia Wayúu.
La península de La Guajira es un territorio de unos 20.000 kilómetros cuadrados que se encuentra en el Mar Caribe, en la frontera con Venezuela. Es una región de clima árido, bañada por los ríos Ranchería y El Limón.
Para conocer esta cultura se debe, primero que todo, viajar hasta Uribia, considerada la capital indígena de Colombia.
Desde allí se parte en una “buseta” para realizar el viaje hasta el Cabo de la Vela.
Y es justamente en la “buseta” en donde uno se sumerge en esta cultura secular, que se ha resistido largamente a la colonización española.
Uno se encuentra con veinte o veinticinco, todos apretados en un espacio angosto junto con gallinas y cabras, y se escucha a las mujeres Wayúu hablar una lengua, para nosotros, incomprensible.
La lengua Wayúu, o wayuunaiki, es de origen arawak, y tiene, por tanto, un origen distinto al chibcha de los Kogui de la Sierra Nevada de Santa Marta.
Uno queda impresionado por las miradas orgullosas de estas mujeres, y por sus túnicas de colores vivos que son llamadas “mantas”.
Inmediatamente después de Uribia comienza la aventura. La calle pavimentada se termina y se tiene súbitamente la sensación de viajar hacia el fin del mundo.
Después de dos horas de carretera sin pavimentar y de camioneta todo terreno en la sabana arborizada se llega al Cabo de la Vela, un polvoriento pueblo situado en una bahía de extraña belleza.
Usualmente se duerme en la orilla del mar en coloridas hamacas que son llamadas “chinchorros”.
Antes de dormirse se observa la bóveda celeste: finalmente se ven miles de estrellas, algo ahora imposible en nuestras ciudades infectadas de contaminación.
A la mañana del día siguiente, a una buena hora, se continúa el viaje en una camioneta hacia el norte, o bien, hacia la alta Guajira.
Es una camioneta todo terreno, a través de senderos apenas trazados y de angostos caminos rurales.
Se conoce la bahía Portete, en donde hay un puerto para naves carboneras. Todavía más al norte se pasa cerca de la bahía Honda, en donde el navegador español Alonso de Ojeda fundó, en 1502, la primera aldea española en el continente americano, Santa Cruz.
Prosiguiendo hacia el norte se llega a la poco profunda y fangosa bahía Hondita, en donde se pueden apreciar flamencos rosados y estupendos manglares. A pocos cientos de metros está Punta Gallinas, el extremo norte de todo el continente suramericano.
En Punta Gallinas se tiene contacto con grupos de indígenas Wayúu, que viven en las llamadas “rancherías”, que están formadas por pequeñas cabañas de madera y de barro secado al sol llamadas “piichi”: cada uno de estos grupos de habitaciones tradicionales tiene un nombre, que puede referirse a una planta, a un animal o a un lugar.
Al día siguiente se viaja hasta Nazareth, pueblo situado en las faldas de la Serranía de la Macuira, un macizo montañoso con vegetación tropical húmeda, circundado por una sabana desértica, uno de los ecosistemas más raros y delicados presentes en Sur América.
En Nazareth se conoce a Eduardo, uno de los “palabreros” Wayúu de la alta Guajira.
Los “palabreros”, (ancianos sabios), tienen la tarea de redimir las controversias y son considerados los líderes espirituales de la comunidad.
En el pueblo Wayúu se dio, en el curso de los siglos, una particular forma de justicia social. Ellos distinguen entre violaciones a las tradiciones y a las obligaciones.
Las controversias se resuelven entre los clanes siguiente un principio de reciprocidad, o bien, a un daño debe corresponder una cierta forma de reparación. El objetivo final es el de obtener justicia para el daño inmediatamente sin perder, sin embargo, el consenso de la comunidad.
Pero, ¿cuál es el origen de este antiguo pueblo? Según los “palabreros”, el pueblo Wayúu llegó a la península de La Guajira en épocas remotas desde la Amazonía.
El origen arawak de la lengua Wayúu confirma esta hipótesis. La Guajira estaba ya ocupada por el pueblo de los Aruhakos, que hablaban una lengua chibcha.
Hubo varios enfrentamientos entre los dos pueblos y al fin los Arhuakos se retiraron, dejando el campo libre a los Wayúu en La Guajira.
En la compleja cosmogonía del pueblo Wayúu, que amontona a unas ciento cincuenta mil personas, hay varias deidades, pero la más importante es el Creador del mundo, que es llamado Maleiea.
Los Wayúu adoptaron una particular visión de la familia.
Los hijos son esperados con alegría y cuando nace el primero, el padre paga la fiesta para las celebraciones.
Cada indígena Wayúu tiene tres nombres: el nombre propio, el apellido español y el nombre que indica la casta o el clan. Cada clan se identifica con un animal que usualmente es considerado sagrado y por tanto no puede ser comido. Habitualmente el animal más conocido en los clanes es el jaguar o el tigre.
La sangre, que para los Wayúu encierra el secreto de la existencia, tiene una importancia enorme para este pueblo. Ella no es vista como propiedad personal sino, más bien, de todo el clan.
Los clanes principales son los Uriana, Epieyú, Pushaina, Apushana, Urariyú, Pausayú.
En cuanto a las creencias populares, los Wayúu tienen rituales místicos y creen en la magia.
Tiene una particular importancia la iniciación en la vida adulta de las jóvenes, que naturalmente deben ser vírgenes.
Al manifestarse la primera menstruación, la joven es rapada totalmente. Se le da una bebida vegetal que le provoca vómito con el fin de liberarla de cualquier impureza que esté estancada en el estómago. La joven es después lavada, y debe permanecer inmóvil durante tres días. Por lo tanto, debe suministrársele una alimentación adecuada para devolverle las fuerzas; además, su cuerpo es embadurnado de hierbas perfumadas, llamadas “hawapi”, que tienen la característica de desarrollar los senos y las caderas de la joven para volverla atractiva al sexo opuesto. La joven es, además, instruida en el aspecto económico, y se le enseña el arte de tejer, muy importante en la cultura Wayúu. En fin, se le enseñan las cualidades de una “buena esposa”, el arte culinario, las normas de hospitalidad para usar con los amigos de su futuro marido. Cuando se considera que la joven está lista, se le pinta la cara y desde ese momento adquiere el estatus de mujer adulta.
En cuanto al matrimonio, debe recordarse que éste se realiza mediante la adquisición de la mujer que es pagada con cabras o con dinero. Esta costumbre, que aún hoy se practica, deriva del hecho de que la mujer tiene una notable importancia económica en la sociedad Wayúu y su salida de la familia debe ser compensada de manera financiera.
Los Wayúu practican la poligamia, que es signo de riqueza y de prestigio. En los matrimonios poligámicos, las esposas viven cada una con la propia madre, y usualmente el marido vive con la última consorte. Cada cierto tiempo visita a sus otras esposas.
Los hijos llevan el nombre de la madre, en símbolo del vínculo con el clan materno. Además, con el pago de una suma o de un cierto número de cabras o de vacas, el marido se asegura de que la mujer no abandone el techo conyugal y puede pedir el reembolso de las sumas pagadas en caso de que sucediera tal cosa. La sociedad Wayúu es, por lo tanto, matrilineal, en cuanto son las mujeres las que rigen la economía, sea produciendo tejidos o sea heredando el ganado.
En la economía Wayúu los hombres se ocupan esencialmente del pastoreo y de la pesca.
Últimamente el gobierno colombiano está valorizando e incentivando la difusión y el enseñamiento de la lengua Wayúu. Se espera que esa actitud de revaluación de esta cultura indígena sea un ejemplo para todos los países del mundo.

YURI LEVERATTO
2007 Copyright 

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