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La teoría alternativa de Mendes Correa sobre el antiguo poblamiento de Sur América a través de la Antártida
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La teoría alternativa de Mendes Correa sobre el antiguo poblamiento de Sur América a través de la Antártida

Según la arqueología tradicional, la mayoría de los indígenas americanos tiene origen asiático y sus antepasados llegaron al Nuevo Mundo por medio del actual estrecho de Bering y del llamado “corredor libre de hielo”, situado en los actuales Alaska y norte de Canadá, durante su expansión del norte de Asia a América, acaecida en dos fases, la una hace 40 y la otra hace 13 milenios.
Aunque incluso la genética ha comprobado, en efecto, la predominancia de caracteres asiáticos (grupos sanguíneos y otras características genéticas) en la mayoría de los autóctonos del Nuevo Mundo, no está para nada resuelto el misterio del trayecto hecho por aquellos antiguos viajeros, además de los motivos que los impulsaron a emprender aventuras tan arriesgadas.
Uno de los investigadores más brillantes del siglo XX, el francés Paul Rivet, fue quien sostuvo la teoría poligenética, la cual, en mi opinión, ofrece una respuesta exhaustiva al problema del poblamiento americano. Paul Rivet se basó en el hecho de que varios estudios arqueológicos efectuados en Alaska y en el norte de Canadá no descubrieron restos del antiguo pasaje de los norteasiáticos, sino solamente evidencias de poblamiento neolítico.
Si aquellos antiguos colonizadores pasaron a través de la pradera llamada hoy Beringia y, por tanto, a través de Alaska y Canadá, ¿por qué no se hallaron rastros y evidencias paleolíticas?
Paul Rivet, en su famoso libro Los orígenes del hombre americano, analizó otros posibles flujos de expansión hacia el Nuevo Mundo: particularmente, el de los colonizadores de Melanesia (quienes, según él, navegaron a través del Océano Pacífico), el de los norteasiáticos (que navegaron entorno a las costas asiáticas, colonizando luego, lentamente, las actuales Aleutianas y el litoral noroccidental del continente norteamericano, entrando, de esta manera, al Nuevo Mundo) y el de los australianos, los cuales, según el portugués Mendes Correa (1888-1960), pudieron haber llegado al Cono Sur en un increíble viaje por la Antártida, durante un período en el que ésta gozaba de un clima óptimo, mucho más templado que el actual, alrededor del sexto milenio antes de Cristo.
Las tesis de Paul Rivet que apoyan a la teoría poligenética, no se basan sólo en suposiciones, sino que son el fruto de profundos estudios lingüísticos y etno-culturales que sacan a la luz muchísimas afinidades entre los pueblos de Melanesia y de Australia con ciertos indígenas del Nuevo Mundo.
En particular, al hablar de la teoría del poblamiento del Nuevo Mundo desde Australia, hay que señalar que ya en el siglo XIX varios estudiosos como el profesor Moreno y el doctor Hultkrantz habían analizado algunos cráneos de humanos de la Patagonia, descubriendo varias similitudes con cráneos australianos. Efectivamente, el típico cráneo patagónico, dolicocéfalo, o bien, alargado, con una frente baja y estrecha, es del todo parecido al de los antiguos aborígenes australianos. También algunos exámenes del grupo sanguíneo de nativos australianos y de indígenas del Cono Sur (Patagonia y Tierra del Fuego), como Onas, Fueginos y Haush, evidenciaron una extraña afinidad, pues el 75% de todos los pueblos estudiados pertenecían al grupo sanguíneo O.
Incluso otras ciencias han confirmado indirectamente la semejanza entre estos dos grupos, como la etnografía y la lingüística; tal como los australianos, los fueguinos no conocían la cerámica y la hamaca; ambos utilizaban canoas de madera, se cubrían con pelaje de animales y se dedicaban a ceremonias religiosas muy similares. De todos modos, la lingüística es la que presenta las pruebas casi definitivas de estos extraordinarios parecidos, ya que, entre las lenguas chon (selk’nam u onas, tehuelches y puelches) y las australianas se encontraron más de 90 afinidades, sobre todo entre términos que se refieren a partes del cuerpo y palabras de uso común y corriente. He aquí algunos ejemplos:
                             
                             Australiano                     Chon
Agua                       kuno                                kono
Fuego                    makka                              maka
Hombre                 nonga                               nuken
Hueso                   gulura                               kolula
Cabello                 alun                                  aal
Lengua                  tale                                   tal
Luna                      mana                               manea
Mano                     mara                                 mar
Piedra                   yarul                                 yarr
Sangre                  guora                               wuar

Algunos lingüistas sostienen que el chon deriva del australiano, pero que se separó del grupo principal en una época antiquísima.
La influencia australiana en América se nota, sobre todo, en el Cono Sur. Las evidencias etnográficas, antropológicas (el estudio de los cráneos antiguos) y lingüísticas sugieren que esta colonización realmente sucedió, si bien el número de pobladores fue bajo. La pregunta crucial es: ¿cómo y cuándo llegaron los australianos al Cono Sur?
Paul Rivet descartó la hipótesis de la navegación a través del Pacífico, tal como la efectuaron, en cambio, los habitantes de Melanesia y, en milenios más recientes, los de Polinesia. De hecho, los australianos no fueron jamás grandes navegantes. También se descarta la hipótesis de la navegación de cabotaje a través de Asia septentrional y de Alaska, porque, si así hubiera sido, se habrían encontrado evidencias de su estadía en las costas americanas del norte del Pacífico. Además, es ilógico pensar que los antiguos australianos atravesaran todo el continente americano de norte a sur, sin dejar rastro alguno, para ir a establecerse en el punto más distante de su supuesto desembarque inicial, es decir, el Cono Sur. De manera que la única hipótesis que merece ser estudiada y profundizada es la del antropólogo portugués Mendes Correa.
Si se observa a la Antártida en un mapa de proyección polar, se ve que la extremidad meridional del Nuevo Mundo (55 grados latitud sur) no resulta estar muy lejos de la Tierra de Graham (extremidad de la Antártida situada aproximadamente en el paralelo sur 63). Además, se nota que entre el continente australiano y el antártico hay una serie de islas (Tasmania, Auckland, Campbell, Macquarie, Scott, Balleny) que pudieron haber servido de puente natural entre ambos.
El hecho de que hoy en día la Antártida sea inhóspita y gélida no quiere decir que en un pasado remoto no haya podido tener un clima diferente. Antes que nada, hay que considerar que alrededor del noveno milenio antes de Cristo ocurrió la enorme catástrofe mundial conocida como diluvio universal, o bien, el derretimiento de los glaciares del hemisferio norte, con las consiguientes inundaciones y trastornos climáticos.
Luego, el clima se hizo más seco y cálido. Pudo haber sido justo durante un período de clima óptimo en el que la capa polar antártica disminuyó notablemente (sexto milenio a.C.), librando de hielos a las costas del continente, en el que valientes navegantes australianos, tal vez por casualidad, llegaron a las costas antárticas, donde encontraron un clima frío, pero no extremo. Probablemente, a causa de terribles inundaciones acaecidas durante el diluvio universal, varios australianos se encontraron atrapados en islas que antes estaban unidas a Australia, como Tasmania o Macquarie. Algunos de ellos construyeron embarcaciones improvisadas para intentar regresar a tierra firme, pero los vientos y las corrientes impetuosas los arrastraron en la dirección opuesta: la Antártida.
No sabemos qué tan numeroso fue el grupo de australianos que puso pie por primera vez en el continente antártico, pero se supone que se trató de uno muy restringido. No sabemos tampoco por cuánto tiempo permanecieron allí, tal vez no más de una o dos generaciones. Se cree que se alimentaban de mamíferos marinos y de pájaros acuáticos. Algunos de ellos, después de haber llegado por casualidad a la Tierra de Graham, pudieron haber avistado troncos y restos de plantas provenientes de la cercana Tierra del Fuego y, de esta manera, probaron suerte, atravesando un trecho de mar de aproximadamente 800 kilómetros.
En mi opinión, la hipótesis de Mendes Correa podría ser verosímil. Por otro lado, es interesante considerar también otros indicios indirectos de un poblamiento antiguo de la Antártida.
En 1513, el almirante turco Piri Reis trazó un mapa del mundo (el cual puede verse actualmente en el Museo de Topkapi de Estambul) que fue por muchos años un verdadero rompecabezas para historiadores y geógrafos. En él, primero que todo, hay varias islas representadas, como por ejemplo Las Malvinas, descubiertas oficialmente sólo en 1592. El detalle más fascinante es, no obstante, la línea de costa de Suramérica, que continúa hacia el este delineando casi perfectamente la costa antártica, correspondiente a las actuales tierras de la Reina de Maud, que en 1513 estaban sepultadas bajo cientos de metros de hielo, y lo siguen estando. Este detalle es muy extraño, no sólo porque Antártida fue oficialmente descubierta por el capitán de la Marina Imperial Rusa Fabian Gottlieb von Bellingshausen el 27 de enero de 1820, sino también porque sólo con instrumentos modernos se puede trazar la topografía exacta de una costa cubierta por el hielo.
En 1966, el investigador Charles Hapgood propuso que alguien había dibujado el mapa de la Antártida libre de hielo en una época comprendida entre el duodécimo y el tercer milenio antes de Cristo. En 1513, Piri Reis habría elaborado su mapa basándose en el antiguo que tenía en su poder, o bien, en una copia del mismo.
El misterioso mapa de Piri Reis comprobaría indirectamente que al menos las costas antárticas estuvieron de verdad libres de hielo en el inmediato período posterior al diluvio. Pero, ¿quién trazó el mapa de la cosa antártica sin hielo? Pudieron haber sido antiguos navegantes sumerios, fenicios o cartagineses, pero por ahora no contamos con elementos suficientes para poder responder a esta pregunta.
Sin embargo, hay que mencionar, además de todo lo anterior, que algunos críticos de esta teoría sostienen que la parte inferior del mapa de Piri Reis representa sustancialmente la costa de Suramérica hasta la Tierra del Fuego (costas exploradas por Américo Vespucio en su tercer viaje de 1502).
En todo caso, la hipótesis de Mendes Correa, sustentada por estudios lingüísticos, etnográficos y de antropología morfológica (análisis de cráneos), puede, en mi opinión, considerarse como verdadera: la costa antártica estuvo libre de hielo en los milenios sucesivos al diluvio, y esto permitió a los valientes viajeros australianos llegar hasta la Tierra del Fuego y a la Patagonia.
Por ahora, falta la prueba definitiva de esta fascinante teoría, es decir, un hallazgo arqueológico, actualmente imposible, puesto que la costa antártica que habrían recorrido los australianos, la Tierra de Marie Byrd (la cual es, extrañamente, el único territorio antártico que no ha sido reclamado por ningún país), está sepultada bajo cientos de metros de hielo.
Quizá en un futuro, si se perfeccionan las técnicas de radar de búsqueda a través del hielo y las profundidades del subsuelo, se podrá dar un paso a adelante en esta fascinante historia de nuestro pasado.

YURI LEVERATTO
Copyright 2010

Este artículo se puede reproducir indicando claramente el nombre del autor y la fuente www.yurileveratto.com

En la foto principal: Mujer Yaghan de la tierra del Fuego
 

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