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El Río Amazonas, gigante en peligro
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El Río Amazonas, gigante en peligro

Aquí estoy nuevamente en las orillas del Río Amazonas.
Han pasado unos dieciocho años desde mi primer viaje en Amazonía, en el 1989, durante el cual visité, junto con un amigo de la infancia, la ciudad de Manaus y algunas aldeas indígenas situadas en las cercanías de la confluencia del Gran Río con el Río Negro. Ahora estoy en Leticia, en el Amazonas colombiano.
Justo cuando llegué, sentí un olor diferente, no ese de los omnipresentes gases que descargan los automóviles, que infectan el aire de cada metrópolis moderna, sino un olor distinto, de árboles, de fruta, de hierba, de agua, de río.
El Río Amazonas, río por excelencia, me ha sorprendido nuevamente. Aquí, a más de tres mil kilómetros del estuario, el Río Amazonas parece ya un mar, y sus aguas fluyen plácidamente hacia el este. El eterno fluir de esta inmensa masa de agua me relaja, me da un sentimiento de seguridad, de tranquilidad.
El Río Amazonas es el río de los récord, pues cualquier otro río de la Tierra, palidece si se le compara con él.
Una reciente expedicion ha clarificado que el Amazonas es el rio mas largo de la Tierra, llegando a los 6992 chilometros.
Este rio tiene muchos otros record. Su cuenca, cuya superficie es de siete millones de kilómetros cuadrados, es la mayor del mundo, y se extiende a través de los territorios de seis países, Brasil, Bolivia, Perú, Colombia, Ecuador y Venezuela. Además, el caudal del Río Amazonas no tiene comparación, puesto que, el Río Amazonas transporta más agua que el Yang-tze, Mississippi, Congo y Nilo juntos. En su estuario, el cual tiene unos trescientos kilómetros de largo, doscientos diecinueve mil metros cubos de agua en media (trescientos mil durante la estación de lluvias), desembocan, cada segundo, en el océano. Un quinto de toda el agua dulce que desemboca en los océanos de la Tierra proviene del Río Amazonas. Desde sus fuentes, situadas a unos seis mil metros, en los Andes de Perú en donde viene llamado Apurimac, hasta la desembocadura, el Río Amazonas recibe más de diez mil afluentes, veinte de los cuales son mas largos de mil kilómetros! (Purús, Madeira, Caquetá, Tocantins, Juruá, Negro, Xingú, Araguaia, Tapajos, Guaporé, Beni, Putumayo, Maranon, Iriri, Juruena, Madre de Dios, Huallaga, Javarí, Vaupes, Jutaí).
Entre ellos, el Purús y el Madeira son mas largos de tres mil kilómetros, y el Negro es el cuarto rio mas caudaloso del mundo.
Pero los récords no se terminan aquí. La selva amazónica, que cubre más o menos el ochenta por ciento (cinco millones y medio de kilómetros cuadrados) de la entera cuenca fluvial es la mayor floresta pluvial del mundo y es el lugar de la Tierra en donde hay mayor biodiversidad vegetal y animal. La floresta pluvial tropical amazonica, llamada también “el pulmón del mundo” es, desde el punto de vista ambiental, el lugar más precioso de la tierra, por múltiples motivos. Primero que todo por la enorme biodiversidad: en la Amazonía está un quinto de todas las especies volátiles de la Tierra, dos mil especies de mamíferos y más de dos mil especies de peces, más que el océano Atlántico. Los entomólogos catalogaron más de dos millones y medio de especies de insectos. Por lo que respecta a las plantas se estima que un kilómetro cuadrado pueda contener más de mil especies diferentes de árboles y plantas. También desde el punto de vista antropológico la Amazonía no termina de sorprender, puesto que viven en ella centenares de diferentes tribus de indígenas amerindios, aunque han sido constantemente amenazados por parte de los propietarios de tierras y de los emprendedores.
La selva amazónica, que constituye la décima parte de todas las florestas y los bosques de la Tierra, contribuye en gran parte a la emisión de oxígeno que respira la humanidad entera. El proceso de fotosíntesis permite la emisión de enormes cantidades de oxígeno, sin el cual la vida en la Tierra sería imposible. Lamentablemente, el gigante está en peligro. Una vez más el responsable de esta amenaza es el hombre, con su codicia y su insaciable sed de poder y de riqueza.
En los últimos cuarenta años, el hombre destruyó más o menos el veinte por ciento de la floresta amazónica, (un área tan grande como Francia e Italia juntas). Las causas de la deforestación son varias: primero que todo, los propietarios de tierras venden la leña que obtienen, y así empiezan a agotar el suelo por medio de la agricultura intensiva. Por ejemplo, en Brasil la mayoría de los terrenos que se le arrebatan a la floresta son destinados a ser cultivos de soya. Los efectos de la deforestación efectuada a larga escala son desastrosos. A menudo grandes zonas de floresta se incendian, con consecuencias enormes de emisión de anhídrida carbónica en la atmósfera. Pero sobre todo la destrucción de bosques afecta la capacidad del planeta de absorbir la anhídrida carbónica. La deforestación es la causa indirecta de la disminución de las precipitaciones, pues mientras que haya menos extensiones de bosques, más disminuye la cantidad de humedad y de nubes en la atmósfera. Se crea así un temible efecto a cadena, puesto que otros árboles y plantas se secan y mueren por la disminución de precipitaciones.
Y es ahora reconocido que en los últimos diez años el caudal del Río Amazonas disminuyó, y en donde antes había agua ahora hay playas fluviales inmensas y desoladas. A este desastre se le suma la erosión de los suelos, puesto que los terrenos, sin tener más las raíces de los de los árboles, se debilitan, bajo el efecto de las cada vez más frecuentes lluvias torrenciales. La deforestación contribuye además a la pérdida de biodiversidad ya que muchas especies animales y vegetales sucumben y se extinguen para siempre. También muchos pueblos indígenas, que se encuentran sin el hábitat en donde habitaron por millares de años, se encuentran desorientados y a menudos no logran integrarse en la denominada “civilización”. Se calculó que si no se ponen frenos a este desastre, en apenas unos veinte años se perderá otro veinte por ciento de la entera floresta tropical.
La Tierra no será nunca más la misma cuando la selva amazónica sea un lejano recuerdo. El hombre puede también seguir destruyendo la entera floresta pluvial, pero será su último error. Ninguno sabe qué sucederá si la floresta amazónica se destruye completamente. Probablemente se desenvolverá un proceso que llevará a cambios climáticos impresionantes, que causarán enormes problemas a la entera humanidad. El problema de la Amazonía entonces no es un problema interno del Brasil, o de los otros países de la cuenca fluvial, sino que es un problema de toda la humanidad, de nuestros hijos, y de la generación futura, que vendrá en el siglo XXII. La Tierra, ya estrecha entre sus siete mil millones de habitantes, y entre sus ochocientos millones de automóviles, no puede permitirse más el enésimo estrago, el definitivo, debe encontrar una solución global a este problema, aparentemente insoluble. Mientras que el grandioso Río Amazonas, fluya poderoso y plácido desde las cimas nevadas de los Andes hasta el océano, el hombre estará seguro. Pero si este río de los récords pierde su fuerza, y su selva ancestral se transforma enteramente en áridos campos cultivados de soya, arados por gigantescos tractores, las consecuencias para la humanidad podrán ser mucho más terribles de lo que ahora se imagina. 

YURI LEVERATTO
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